domingo, 24 de noviembre de 2013

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO


“Hoy estarás conmigo en el paraíso”

Con la celebración de esta Fiesta de Cristo Rey del Universo culminamos el año Litúrgico, en el que celebramos el resumen del misterio de Jesús. Es una síntesis de la nueva vida que nos trajo Cristo muerto y resucitado para que nosotros podamos construir nuestra historia humana según los planes de Dios.

Es verdad que esta fiesta es de reciente creación. En 1925, Pío XI la instituyó ante unas circunstancias, un tanto discutibles, de la vieja Europa. El contenido de esta fiesta, no obstante, tiene sus raíces en el inicio del cristianismo. La expresión “Cristo reina” tiene su equivalencia en la profesión de fe: “Jesús es el Señor”. Esta afirmación era constante en la predicación apostólica.

Con la reforma litúrgica esta Fiesta ha quedado situada como culminación del año Litúrgico y nos hace referencia a su aspecto humano y espiritual, y no a los tintes políticos que tenía anteriormente. Jesucristo aparece como un rey sin poder, sin espacio o nación donde reinar. La Iglesia pretende que descubramos un Jesús que quiere que todos los hombres sean hermanos, que los pueblos no tengan fronteras y que por todas partes se extienda la solidaridad más universal que nos llevan a una verdadera paz. Bonito colofón para clausurar, también, el Año de la Fe.

COMTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3

Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: "¡Nosotros somos de tu misma sangre! Hace ya mucho tiempo cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: 'Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel'". Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón delante del Señor y ellos ungieron a David como rey de Israel.
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 121, 1-2. 4-5

R. ¡Vamos con alegría a la casa del Señor!

¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor!". Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. R.

Allí suben las tribus, las tribus del Señor, según es norma en Israel, para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 12-20


Hermanos: Demos gracias al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos. Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él. Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en él residiera toda la plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.
Palabra de Dios.
EVANGELIO

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 23, 35-43

Después de que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes burlándose decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!". También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!". Sobre su cabeza había una inscripción: "Éste es el rey de los judíos". Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo". Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino". Él le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

Este año la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, no sólo nos sirve para concluir el Año litúrgico del ciclo C, que hemos seguido de la mano del evangelista Lucas, sino que nos sirve también para clausurar el Año de la Fe. Sería conveniente peguntarnos ¿en qué Dios creemos? ¿El Dios revelado por Jesús de Nazaret, es en verdad, el objeto de nuestra fe?

Lucas nos ha ido dando las claves durante este año del ciclo C para descubrir a un Jesús, como el Salvador de la humanidad, que a través del Pueblo de Israel, nos ha ido dando un mensaje de salvación universal. Alguien ha comentado que los Evangelios, y sobre todo el de Lucas, es una lectura creyente del Antiguo Testamento. Sabemos que este evangelista trata de poner en primer plano la misericordia de Dios con signos visibles del actuar de Jesús de Nazaret. El se preocupó de un modo especial de los pobres y marginados. Presenta todas estas actitudes en ese largo viaje que hace Jesús y sus discípulos hacia la ciudad santa de Jerusalén. Allí fue entregado a la muerte, pero Dios actuó y le resucitó glorioso como lo anunciaban las Escrituras. El sigue estando presente en su Iglesia, que es enviada a realizar la tarea que le había encomendado el Padre.

La fuerza del Espíritu Santo será su nueva presencia en el mundo en medio de sus discípulos, los bautizados. Les enseñará toda la verdad, les congregará en la unidad y les hará sus testigos ante los hombres de toda raza y condición.
A la luz del Evangelio ¿podemos seguir hablando de “Jesús rey del universo”?

Las lecturas que se proclaman este día nos dan la clave para su correcta interpretación. Ya en la primera lectura se nos habla de la unción de David como rey de Israel. Queda clara que su misión como tal, más que regir y gobernar, consiste sobre todo, en “apacentar” al pueblo. Jesús hereda, por su condición de Mesías, el ser el Hijo de David proclamado por el pueblo que lo aclama como tal. Es, por tanto, heredero de un reino que “apacienta” con cariño y lleno de misericordia. El nos ha trasladado (2ª lectura), por su función salvifico-pascual, a ese reino que se proclama en este himno cristológico, el reino del Hijo querido de Dios.

En el Evangelio (Lc 23, 35-43) se nos presentan las actitudes de los que rodean la escena. El pueblo, las autoridades, los soldados romanos y los dos crucificados con él. Unos plantean a Jesús su “última tentación”: <Si eres el rey de los judíos sálvate a ti mismo>. Entre esta tentación y aquellas primeras, tenidas en el desierto, Jesús se ha mantenido fiel a los planes de Dios. No es rey para dominar. Rechaza el prestigio, el poder, el dominico sobre los demás, y sólo busca, la humildad, la sencillez, el servicio hasta dar la vida. Se cumple lo que El había manifestado: que su reino no es como los de este mundo, pero está para este mundo.

Jesús, con esta actitud suya, ha dado origen a una nueva forma de amar y servir, creando una fraternidad universal que da una gran dignidad a la persona humana. Por eso podemos proclamar en el prefacio que este “nuevo reino” es: de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia de amor y de paz. Y llegar a este Reino es posible porque Dios Padre “nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido…” (2ª lec.)

Cada vez que rezamos el padrenuestro, decimos “Venga a nosotros tu Reino”. Podría decirse que estamos poniendo en nuestros labios el deseo del “buen ladrón”: “acuérdate de mí cuando estés en tu reino” El anteriormente había reconocido que Jesús era “inocente”. De alguna manera había hecho un acto de fe en Jesús como Mesías y luego le pide que le lleve a su reino. ¿Profesamos así nosotros la fe?

Con frecuencia no entramos en lo que es la verdadera dinámica del Reino de Jesús. Por mucha palabras que digamos, por muchas doctrinas que dominemos con nuestra inteligencia, por muchos ritos que practiquemos, si no expresamos el deseo de que en nuestra vida este metida en los planes de Dios, que es lo que hizo Jesús, no estaremos deseando de verdad que venga a nosotros “su reino. El actuó siempre desde el amor, la comprensión, la tolerancia y el servicio y a eso nos invita para que el reino sea una realidad en nuestras propias vidas.

En el Bautismo al ungirnos con el crisma la iglesia nos hacía “profetas, sacerdote y reyes” Que este final del año de la Fe nos ayude a comprometernos como cristianos que tratan de vivir su fe bautismal desde la profecía, el ofrecer oraciones y sacrificios, y, sobre todo, tratando de “servir” a nuestros hermanos desde la comprensión, la tolerancia y el amor. Así el Reino de Cristo, que no es de este mundo, lo haremos presente para este mundo.


ESTUDIO BÍBLICO

Jesucristo Rey del Universo

Termina el año litúrgico, el ciclo del evangelio de Lucas, y la Iglesia lo dedica a Jesucristo, ya que en El convergen todas las causas justas del mundo. Es una fiesta en sí reciente, pero que poco a poco ha ido perfilándose como lo más adecuado para cerrar el tiempo litúrgico de la Iglesia. Por encima de las catástrofes y de la destrucción, aparece en el horizonte nuestro Señor Jesucristo, un rey sin poder, sin reino, entendido éste como espacio o nación donde reinar. Jesús, en este momento nuevo de nacionalismos, pretende que todos los hombres sean hermanos, que los pueblos no tengan fronteras. Su reinado solamente se puede celebrar y entender desde la solidaridad más universal.

Iª Lectura: 2º Samuel (5,1-3): Dios busca un rey para la paz

I.1. La lectura se ambienta en Hebrón, donde según la tradición, se conservan las tumbas de los Patriarcas del pueblo de la Alianza. Los del sur, a cuya tribu de Judá pertenecía David, ya lo había proclamado rey. Ahora vienen las tribus del norte, las de Israel, para pedirle que lo quieren también como rey. Es muy compleja la “historia” de David, su subida al trono, las razones por las cuales fue primeramente elegido por Judá y después vinieron a ofrecerle el reino del norte, Israel, que había tenido una historia distinta. Hay cosas seguras o bien aceptadas, desde luego, pero no podemos negar que la “leyenda” de cómo David fue “ungido” rey se convierte en una leyenda religiosa a medida de la concepción del soberano en Oriente, como representante de los dioses. El Dios de Israel, Yahvé, no tiene preferencias por un tipo de gobierno… pero la historia antigua no puede prescindir de lo religioso y de suponer una intervención de Dios en casi todo.

I.2. La historia en este caso es bien explícita: David tenía fama de buen defensor y sobre él se tejerá la leyenda sagrada de rey justo y capaz de alcanzar la unidad. Él conquista la paz; aunque, lógicamente, la paz de David es una paz efímera, lo mismo que la solidaridad entre las tribus, entre el norte y el sur, se resiente de muchos defectos. Pero es el primer apunte de una teología de pacificación y solidaridad que solamente se encontrará con Jesús de Nazaret. Aquí, a continuación de nuestro texto, se habla de los treinta años que tenía cuando comenzó a reinar sobre Hebrón y de los treinta y tres sobre Israel. Quizá Lucas haya podido tener esto en cuenta cuando en Lc 3,23 nos habla de la edad de Jesús para enlazar con la genealogía que justificaría que Jesús era, por José, descendiente de la línea de David.

IIª Lectura: Colosenses (1,12-20): Cristo, como hombre, es el relato de Dios

II.1. La carta a los Colosenses nos ofrece hoy un himno cristológico de resonancias inigualables: Cristo es la imagen de Dios, pero es criatura como nosotros también. Lo más profundo de Dios, lo más misterioso, se nos hace accesible por medio de Cristo. Y así, Él es el “primogénito de entre los muerto”, lo que significa que nos espera a nosotros lo que a Él. Si a él, criatura, Dios lo ha resucitado de entre los muertos, también a nosotros se nos dará la vida que él tiene.

II.2. Entre las afirmaciones o títulos sobre Cristo que podrían parecernos alejadas de nuestra cultura y de nuestra mentalidad, podemos escuchar y cantar este “himno” como una alabanza al “primado” de Cristo en todo: en su creaturalidad, en su papel salvífico, en su resurrección de entre los muertos. Para los cristianos ello no debe ser extraño, porque nuestra religión, nuestro acceso a Dios, está fundamentada en Cristo. Puede que en el trasfondo se sugiera alguna polémica para afirmar la “plenitud” de todas las cosas en Cristo. Pero es como un grito necesario este canto, porque hoy, más que nunca, podemos seguir afirmando que Cristo es el “salvador” del cosmos.

II.3. Cristo ha traído la salvación y la liberación, no solamente para un pueblo, sino para todos los pueblos, para todas las naciones. ¿Por qué? Porque Él es la imagen del Dios invisible. Este concepto, siempre discutido, se carga de contenido para mostrar la diferencia entre los reyes del pueblo del Antiguo Testamento y Cristo. Naturalmente que nos encontramos ante una confesión de fe, cantada y vivida por las comunidades primitivas y recogida en esta carta paulina. El primado de Jesús le viene de la creación y de su papel en el proyecto redentor y liberador de Dios. De la creación, porque ha vivido en profundidad la dignidad que Dios siempre ha querido para todo ser humano. De todas las afirmaciones que sobre el particular se nos presentan, lo más definitivo es que todo se sustenta en Él. En la redención porque se ha sometido siempre a la voluntad de Dios y así, además de ser el primero en la Iglesia, es el primogénito de entre los muertos: su resurrección, pues, es el prototipo de lo que nos espera a todos nosotros.

Evangelio: Lucas (23,35-43): El Salvador crucificado, ese es nuestro rey

III.1. El evangelio de Lucas forma parte del relato de la crucifixión, diríamos que es el momento culminante de un relato que encierra todo la teología lucana: Jesús salvador del hombre, y muy especialmente de aquellos más desvalidos. Lucas, con este relato nos quiere presentar algo más profundo y extraordinario que la simple crucifixión de un profeta. Por ello se llama la atención de cómo el pueblo “estaba mirando” y escuchando. Y comienza todo un diálogo y una polémica sobre la “salvación” y el “salvarse” que es uno de los conceptos claves de la obra de Lucas. Los adversarios se obstinan en que Jesús, el Mesías según el texto, no puede salvarse y no puede salvar a otros. Además está crucificado y ya ello es inconveniente excesivo para que el letrero de la cruz (“rey de los judíos”=Mesías) pierda todo su sentido jurídico y se convierta en sarcasmo. Está claro por qué ha sido condenado: por una razón política, acusado de ir contra Roma, en nombre de un mesianismo que ni pretendió, ni aceptó de sus seguidores.

III.2. Todo, en el relato, convoca a contemplar; emplaza al “pueblo” (testigo privilegiado de la pasión en Lucas) para que sea espectador del fracaso de este profeta que ha dedicado su vida al reinado de Dios, sin derecho alguno, y rompiendo las normas elementales de las tradiciones religiosas de su pueblo. Los profetas verdaderos no pueden acabar de otra manera para las religiones oficiales. Por lo mismo está en juego, según la teología de Lucas, toda la vida de Jesús que es una vida para la salvación de los hombres. La psicología del evangelista se percibe a grandes rasgos. El pueblo será “secretario” cualificado del fracaso de éste que se ha atrevido a hablar de Dios como nadie lo ha hecho; porque se ha osado recibir a los publicanos y pecadores, compartir su vida con hombres y mujeres que le seguían hasta Jerusalén. Este era el momento esperado… y, de pronto, un “diálogo” asombroso rompe, antes de la hora “tercia”, el “nudo gordiano” de la salvación. No va a ser como Alejandro Magno con su espada a tajo, en Godion de Frigia, para dominar el mundo por esa decisión drástica. Será con la oferta audaz y valiente de la salvación en nombre del Dios de su vida.

III.3. El diálogo con los malhechores (vv. 39-43), y especialmente con aquél que le pide el “paraíso”, es un episodio propio de Lucas que ha dado al relato de la crucifixión una fisonomía inigualable. La comparación que hemos mencionado con Alejandro Magno y el “nudo gordiano” sigue estando en pie a todos los efectos. Quien crucificado, la muerte más ignominiosa del imperio romano, pueda ofrecer la salvación al mundo, podrá dominar el mundo con el amor y la paz, no con un imperio grandioso fundamentado en la guerra, la conquista, la muerte y la injusticia. Lucas es consciente de esta tradición que ha recogido y que ha reinventado para este momento y en este “climax”. Cuando ya está dictada la sentencia de impotencia y de infamia… la petición de uno de los malhechores ofrece a Jesús la posibilidad de dar vida y salvación a quien irá a la muerte innoble como él. No es un libertador militar… está muriendo crucificado, porque ha sido condenado a muerte. Los valientes militares morían a espada; los esclavos y los parias, en la “mors turpissima crucis”.

III.4. El malhechor lo invoca con su nombre propio ¡Jesús!, no como el de Mesías o el de Rey o incluso el de Hijo de Dios. Esto es algo que ha llamado poderosamente la atención de los intérpretes. Es verdad que en la Biblia, en el nombre hay toda una significación que debe ser santo y seña de quien lo lleva. “Jesús” significa: “Dios salva” o “Dios es mi salvador”. Es una plegaria, pues, al crucificado, pero Lucas entiende que en todo aquello está Dios por medio. Es decir, que Dios no está al margen de lo que está aconteciendo en la cruz, en el sufrimiento de Jesús y de los mismos malhechores. La interpelación del buen ladrón como plegaria es para Lucas toda una enseñanza de que el crucificado es el verdadero salvador y de que por medio de su vida y de su muerte, Dios salva. Por tanto encontraremos salvación y salvación inmediata: “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Esta es una fórmula bíblica cerrada para expresar la vida después de la muerte. No sabemos cómo ha llegado a Lucas este diálogo de la cruz, pero la verdad es que es lo más original de todos los evangelistas sobre esta escena de la pasión. Jesús es verdaderamente rey, aunque al margen de todas las expectativas políticas. El “nudo gordiano” se rompe, si queremos a tajo, por la palabra de vida que Jesús ofrece en nombre de Dios.

III.5. Este relato majestuoso tiene muy poco de deshonor. Lucas no entiende la muerte de Jesús como un fracaso. Y no lo es en verdad. Es el momento supremo de la entrega a una causa por la que merece dar la vida. Cuando todos los que están al lado de la cruz le han retado a que salve tal como ellos entienden la salvación, Jesús se niega a aceptarlo. Cuando alguien, destrozado, aunque haya sido un bandido o malhechor, le ruega, le pide, le suplica, ofrece todo lo que es y todo lo que tiene. Desde su impotencia de crucificado, pero de Señor verdadero, ofrece perdón, misericordia y salvación. Esta teología de la cruz es la clave para entender adecuadamente a Jesucristo como Rey del universo. Es un rey sin poder, es decir, el “sin-poder” del amor, de la verdad y del evangelio como buena nueva para todos los que necesitan su ayuda. “Hoy estarás conmigo en el paraíso” es la afirmación más rotunda de lo que este rey crucificado ofrece de verdad. No es la conquista del mundo, sino de nuestra propia vida más allá de este mundo.



domingo, 17 de noviembre de 2013

DOMINGO 33º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Gracias a la constancia salvarán sus vidas”

Estamos ya concluyendo el Año Litúrgico, por eso los textos de la Escritura de este domingo nos invitan a reflexionar sobre las realidades últimas, sobre el fin de la historia y la venida definitiva de Cristo. Albergamos la inquietud por conocer el origen, la dirección o el sentido de la realidad que nos envuelve y de la que formamos parte. Jesús nos alienta a adoptar una actitud fiel y confiada ante sus palabras y el misterio de su persona. Sólo unidos a él por la fe podremos descubrir el sentido de nuestra vida y alcanzar la verdadera salvación.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El profeta presenta dos imágenes opuestas: por un lado el fuego abrasador, que hace desaparecer lo que ya no sirve; por el otro, el sol de justicia, que brilla y transmite salud. El evangelio dar el título de "sol de justicia" a Jesucristo, porque él irradia sobre nosotros su resplandor y su bondad.

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 19-20

Llega el día abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el día que llega los consumirá -dice el Señor de los ejércitos- hasta no dejarles raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen mi nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos.
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo 97, 5-9

R. El Señor viene a gobernar a los pueblos.

Canten al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales; con clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor que es Rey. R.

Resuene el mar y todo lo que hay en él, el mundo y todos sus habitantes; aplaudan las corrientes del océano, griten de gozo las montañas al unísono. R.

Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra; él gobernará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. R.

SEGUNDA LECTURA

Puede ocurrir en la familia, en la comunidad o en una institución: personas que viven desordenadamente, sin hacer ningún trabajo ni poner dedicación en nada y reclamando siempre a los otros. En esto, san Pablo es muy firme: el que no aporta nada a la comunidad tampoco puede vivir a expensas de ella.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 3, 6-12
Hermanos: Les ordenamos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa, contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros. Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar. En aquella ocasión, les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A éstos los mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen en paz para ganarse su pan.
Palabra de Dios.
EVANGELIO

¿En qué época de la humanidad no han ocurrido estas cosas? ¿En qué momento de su historia el cristianismo no ha sido perseguido en algún lugar del mundo? Si esto ha ocurrido siempre, ¿por qué Jesús dice que éstas son las señales del tiempo final? Sus palabras son un toque de alerta, para que no nos dejemos engañar y no nos desesperemos cuando se alcen voces anunciando el fin del mundo. Nuestra misión es permanecer fieles al Señor; pase lo que pase, él estará con nosotros.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 5-19

Como algunos, hablando del templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: "De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido". Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto y cuál será la señal de que va a suceder?". Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi nombre diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin". Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

«No quedará piedra sobre piedra»

Siguiendo su método pedagógico, Jesús da una enseñanza importante a sus discípulos aprovechando el comentario de quienes en cierta ocasión le ponderaban la belleza del templo de Jerusalén, manifestada en la calidad de la piedra y de los exvotos con que lo enriquecieron algunos personajes pudientes. En tiempos de Jesús el templo estaba todavía en fase de remodelación, pues en torno al año 19 a. C. el rey Herodes el Grande emprendió esta gran reforma. Algunas de las piedras que aún hoy se conservan llaman la atención por su tamaño; algunas tienen una longitud de once metros.

Jesús sorprende a sus interlocutores diciéndoles: «Esto que contempláis llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». El pueblo elegido ya había experimentado el saqueo del templo por Sheshonq I en el año 925, y su destrucción por los babilonios durante el asedio de Nabucodonosor II a la Ciudad Santa; experiencias que le habían proporcionado una gran lección sobre Dios. El Dios de Israel no está apegado a ningún edificio.

No obstante, Jesús también apreciaba el templo, y acudía a él cuando estaba en Jerusalén. En el episodio de la expulsión de los vendedores del templo Jesús lo califica como la «casa de mi Padre», «casa de oración». De hecho, los primeros cristianos continuaron acudiendo a él para orar. Aunque Dios está presente en todas partes, se hacía presente de un modo especial en el templo de Jerusalén. La escatología hebrea dice que cuando venga el Mesías será reconstruido el templo. Jesús hablará de sí mismo como el nuevo templo.

Ciertamente, los cristianos hemos comprendido que él es el templo en el que nos podemos encontrar con Dios. Como el mismo Jesús le insinúa a Natanel, él es la escala que vio Jacob y que une el cielo y la tierra; sólo por esta escalera se llaga al Padre del cielo. El Apocalipsis, hablando de la Jerusalén que desciende del cielo, dirá: «Templo no vi ninguno porque su templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero». Lo que cuenta no es el lugar, sino el encuentro, la comunión con Dios. Eso es lo que se busca en el templo. Es verdad que hay ciertos lugares que facilitan el encuentro, pero no lo aseguran de forma automática.

Jesús insinúa en sus palabras la caducidad de las cosas de este mundo que pasa, incluso de aquellas que consideramos más sagradas, como era entonces el caso del templo de Jerusalén. Sólo hay algo que permanece siempre: la verdad; ésta es inseparable del amor. Las palabras de Jesús no pasan. Ellas son verdad, y son la expresión del amor más fuerte que la muerte. Cuando todo se hunde, solo la verdad y el amor permanecen. Sin embargo, con harta frecuencia ponemos toda nuestra energía en apropiarnos de lo perecedero. Nos equivocamos en la valoración de la realidad. Jesús nos invita a poner el corazón en lo importante, en lo que no pasa, en lo eterno, en Dios. Lejos de desentendernos de las cosas de nuestro mundo, las valoramos justamente cuando las ponemos al servicio del reino de Dios; sólo así estarán de verdad al servicio de la humanidad.

Los tiempos y los signos

Al escuchar esta profecía sorprendente los interlocutores de Jesús le preguntaron: «¿Cuándo va a suceder todo eso?, ¿y cuál es la señal de que todo eso está para suceder?» La respuesta de Jesús no concierne a la destrucción del templo de Jerusalén únicamente, sino a su segunda venida. Jesús les pone en guardia, porque esta segunda venida estará precedida por la llegada de los falsos profetas, que intentarán engañar a la gente diciendo: «yo soy», o bien «el momento está cerca». Jesús nos advierte de que no hay que seguir a quienes anuncian el fin del mundo y que tienen el remedio a todos los males. Esta profecía se sigue cumpliendo hasta hoy. Cientos de personas en el mundo se declaran mesías y tratan de arrastrar a otros tras de sí, muchas veces con fines económicos.

La segunda venida de Cristo estará precedida también por guerras, revoluciones, terremotos, epidemias, hambre, espantos y grandes signos en el cielo. Todas estas cosas han marcado la historia de la humanidad y siguen estando presentes en nuestro mundo. Por eso, estas las palabras de Jesús parecen una descripción realista del mundo en que vivimos. Los ejemplos son numerosos y conocidos por todos.

Jesús nos ofrece un tercer signo que ha marcado la historia del cristianismo y que él mismo experimentó en propia carne: como el Maestro, sus discípulos sufrirán la persecución, la cárcel, la traición por parte de sus padres, parientes, hermanos y amigos, e incluso algunos serán asesinados y todos los odiarán por causa de su nombre.

Jesús es consciente de la violencia que desencadena de su mensaje, a pesar de ser un mensaje de paz y de salvación. Pero las fuerzas del mal extienden sus tentáculos por todas partes, tratando de tocarlo y dominarlo todo, de acabar con la justicia, la verdad y el bien que hay en la humanidad. La injusticia no soporta la verdad ni el bien ni el amor. Les hace la guerra continuamente, de forma abierta o encubierta. La injusticia no descansa hasta destruir el bien. Sin vigilancia también toca el corazón de los discípulos.

Pero la presencia de Jesús es la fuerza de los suyos. No deben tener miedo. Ni siquiera deben preparar su defensa cuando sean arrastrados ante los tribunales. Él mismo Jesús se compromete a darles «palabras (literalmente “una boca”) y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario» suyo. Estas palabras de Jesús llevan implícita la promesa de estar siempre al lado de sus discípulos, de establecer con ellos una intimidad incomparable; no sólo en el momento de la prueba, sino siempre. Jesús sigue siendo el Verbo que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, siempre que éste se deje iluminar, siempre que no oponga resistencia.

Parecen contradictorias las palabras de Jesús cuando dice: «matarán a algunos de vosotros», y cuando dice: «pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá». Esta contradicción aparente se salva si recordamos esas otras palabras también de Jesús: «no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma». Podrán quitarles la vida, pero no destruirlos, pues Jesús resucitará a los suyos.

La ocasión para dar testimonio

Las pruebas de las que habla hoy el Evangelio son la ocasión propicia para testimoniar la fe. Nuestro mundo necesita, como en todos los tiempos, este testimonio creyente. Alguien decía que «un cristiano que testimonia es un crucificado, pero un cristiano que no testimonia ya está muerto». Es decir, el cristiano verdadero es siempre un testigo de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Si deja de dar testimonio, deja al mismo tiempo de ser cristiano. El testimonio más elocuente y más necesario es testimonio de la verdad juntamente con el de la caridad. Según decía Edmond Barbotin, el único testimonio convincente es el de la santidad.

Para salvarse y alcanzar la vida eterna, los discípulos debemos perseverar en las pruebas, soportándolas con paciencia. La parábola del sembrador deja claro que no es fácil perseverar en la fe hasta el final. Es fácil desalentarse antes las dificultades de la vida, que nunca han de faltar. Jesús no promete un camino fácil, pero sí un camino correcto para alcanzar la ansiada felicidad. Jesús hace bellas promesas, pero no oculta las pruebas por las que hay que pasar hasta llegar a la meta. Sin embargo, contamos con su promesa de que si permanecemos unidos a él nunca nos dejará solos.


ESTUDIO BÍBLICO

Esta Historia hay que vivirla con dignidad

Iª Lectura: Malaquías (3,19-20):

I.1. En la línea litúrgica de presentar los temas sobre las últimas cosas de la vida y de la historia, al final del año litúrgico, la lecturas de este domingo pecan un poco de apocalípticas. Este es un género literario religioso que tiene sus contradicciones, acertado en algunas cosas por su inspiración profética y desenfocado en otras. Es una literatura para tiempos de crisis, en que se ambiciona una identidad frente a culturas nuevas que pretenden arrasar con todo el pasado; refugio, en otros momentos, de mentalidades fundamentalistas. En la Biblia existe de todo eso un poco y a lo largo de la historia siempre ha habido grupos y personas que se encuentran demasiado a gusto en esos perfiles.

I.2. La lectura de Malaquías es un buen ejemplo de ese tipo de presentación. Es un texto que se centra en un término consagrado de la teología profética del Antiguo Testamento: el día de Yahvé, el día de la actuación de Dios. Para aquella mentalidad se trataba de presentar el final de la historia. Y son obvias sus afirmaciones: para los que han vivido arrogantemente, en la injusticia, en la ceguera del poder y la corrupción, será su final. Pero los que han vivido según el proyecto de Dios no tienen por qué temer. Es lógico pensar que alguien tiene que denunciar a los arrogantes y soberbios que un día todo eso se acabará; en ese sentido los mensajes apocalípticos tienen mucho de profético. Es, a veces, el grito reivindicativo de los que han soportado la injusticia y el oprobio.

IIª Lectura: 2ª Tesalonicenses (3,7-12): ¡No tengamos miedo al futuro! ¡Vigilemos!

II.1. La segunda lectura es un texto continuación del domingo anterior. Supone una lección muy concreta, precisamente para corregir ciertos abusos que se dieron en algunas comunidades donde, personas con mentalidad apocalíptica que esperaban el fin del mundo, se cruzaban de brazos o se aprovechaban de los que eran más sensatos y conscientes de que, mientras el mundo sea mundo y la historia sea historia real, se debe vivir en ella con dignidad y responsabilidad. Bajo la mentalidad religiosa desenfocada se pueden producir abusos que no deben ser tolerados en la comunidad.

II.2. El autor -se pretende que sea Pablo- da su testimonio personal de que él, aún siendo apóstol y teniendo derecho a vivir de ese trabajo (Cf 1Cor 9,6ss; Gal 6,6), sin embargo trabajó lo necesario para subsistir (Hch 18,3; 1Cor 4,12). Este texto, pues, viene bien para no preocuparse demasiado por el final del mundo y para no vivir en la fiebre de una mentalidad apocalíptica. Esto sigue interesando mucho a ciertos grupos sectarios, que más allá de lo religioso, embaucan a muchos por nada.

Evangelio. Lucas (21,5-19): No toda la felicidad está en esta historia

III.1. El texto del evangelio de Lucas corresponde a lo que se ha llamado el discurso escatológico de Jesús que aparece en los tres evangelios sinópticos, aunque con visiones diferentes entre uno y otro. El de Lucas es el más explícito en cuanto a corregir los abusos de algunos que se presentaban en Jerusalén o en cualquier comunidad para decir que llegaba el día del Señor, el fin del mundo, para que les siguieran a ellos. Lucas tuvo mucho cuidado de catequizar a su comunidad al respecto, en el sentido de que no fue un evangelista que se dejó impresionar demasiado por el lenguaje y los símbolos apocalípticos. Conserva, eso sí, el talante profético de este discurso que se pone en boca de Jesús como en Mc 13. El discurso base de Mc 13 pudo ser redactado, tal como lo tenemos ahora, en un momento de la crisis que Calígula provoca en la comunidad judía, y por lo mismo en la comunidad cristiana: mandó que se le levantara una estatua en la explanada del templo. Pero Lucas, por su parte y mucho más tarde de estos acontecimientos, trata de serenar y tranquilizar, máxime teniendo en cuenta que él conoció o tuvo noticia de la destrucción de Jerusalén en el año 70 de nuestra era. Esta es una tesis no aceptada por todo el mundo, pero que parece lógica. De hecho, Lucas es el autor del NT que mejor ha sabido asumir el mensaje profético-apocalíptico de Jesús mirando a la historia como lo más positivo, sin estar obsesionados por el final catastrófico de movimientos sectarios.

III.2. Con la destrucción de Jerusalén no llegó el fin del mundo, ni del judaísmo siquiera. Los judíos pensaban que el día que el templo fuera destruido desaparecería el pueblo de Israel. ¡No fue así! Porque sin templo, una religión puede tener mucho sentido. Luego, había que reinterpretar todos esos acontecimientos. Lucas prepara a su comunidad para las persecuciones, ya que los cristianos serán perseguidos; pero eso no es el final. Las urgencias apocalípticas no son la mejor manera para catequizar o hablar de Dios y de su salvación, pero tampoco debemos vivir con la pretensión de instalarnos aquí para siempre. El anhelo de un mundo mejor es lo radicalmente cristiano. Y ese mundo mejor se ampara en una vida nueva, en una experiencia nueva de vida que no podemos programar… como casi todo se programa hoy. No podemos avergonzarnos, los cristianos, de decir y proclamar que eso está en las manos del Dios “amigo de la vida”, que para eso nos ha creado.

III.3. No podemos menos de tener cuidado cuando nos adentramos en el sentido de un texto como este. De hecho, el fin del mundo y de la historia, que en algunos círculos cristianos surgía de vez en cuando, no se ha llevado a cabo. Es seguro que Jesús nunca se definió por un fin del mundo y de la historia con la llegada del reinado de Dios. No era un iluso, aunque fuera un “profeta” escatológico. Pero con ello hay que entender que algo nuevo y “definitivo” estaba surgiendo con su llamada a la conversión y a buscar a Dios con toda el alma y todo el corazón. Porque los reinos de este mundo solamente provocan guerras y catástrofes, pero el Reino de Dios al que él le dedica su vida, nos trae la justicia y la paz. Si no es así es porque los poderosos de este mundo quieren ocupar el lugar de Dios en la historia. Y es eso lo que se condena con este discurso. Los cristianos deben saber que estarán en conflicto con los que dominan en el mundo. En el caso de Lucas, el discurso prepara a los cristianos, no para el fin del mundo, sino para estar dispuestos a la persecución y a la lucha si en verdad son fieles al mensaje de profeta de Galilea. Por ello hay que mantenerse “vigilantes”, pero no por catástrofes apocalípticas, sino porque el reinado de Dios es una instancia crítica que no puede aceptar en muchas ambientes de este mundo.


domingo, 10 de noviembre de 2013

DOMINGO 32º DEL TIEMPO ORDINARIO


Vale la pena morir…cuando se espera que Dios mismo nos resucitará

La polémica entre saduceos (que no esperaban nada más allá de la muerte) y otros grupos que sí creían en la resurrección entre los que se encontraban los “fariseos” y el propio Jesús, es una polémica actual. Si se me permite dar un salto, este debate hoy, es el debate entre los creyentes en Cristo y los que ven en Dios el enemigo de su libertad. Dios es “amigo de los hombres” incluso si las religiones desfiguran esta amistad.

Cuando observamos con pena cómo avanzan los extremismos entre quienes niegan a Dios o reniegan de la Iglesia y quienes confían en Dios, recordamos la urgencia de convertir los desencuentros en encuentros, porque está en juego velar por la identidad de lo genuinamente humano y de nuestro futuro como humanidad. Los encuentros maduran a través del diálogo.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

En el año 167 a.C., el gobernador griego que ocupaba en aquel entonces el país de los judíos, les prohibió practicar su religión. Muchos judíos creyentes, como estos hermanos sobre los que leemos hoy, murieron mártires por no haber renegado de su fe. El convencimiento que los sostuvo fue saber que la muerte no es el fin y que Dios nos tiene reservado el gran regalo de la resurrección.

Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 1; 7, 1-2. 9-14

El rey Antíoco envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios. Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: "¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres". Una vez que el primero murió, llevaron al suplicio al segundo. Y cuando estaba por dar su último suspiro dijo: "Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes". Después de éste fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: "Yo he recibido estos miembros como un don del cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él". El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos. Una vez que murió éste, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: "Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 16, 1. 5-6. 8. 15

R. ¡Señor, al despertar, me saciaré de tu presencia!

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R.

Mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. R.

Escóndeme a la sombra de tus alas. Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar me saciaré de tu presencia. R.

SEGUNDA LECTURA
Como pide esta carta, oremos por los que difunden la Palabra de Dios. Que esa Palabra llegue a muchas mentes y a muchos corazones, para iluminar y convertir. Que la Palabra transforme y renueve la vida, propagando la libertad de los hijos de Dios.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 2, 16-3, 5

Hermanos: Que nuestro Señor Jesucristo y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena. Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes. Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe. Pero el Señor es fiel: él los fortalecerá y los preservará del Maligno. Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones. Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

Dios es un Dios viviente y es el Dios de los vivientes. Nuestra fe afirma que estaremos con él, compartiendo esa vida definitiva. La resurrección ocurre de una vez para siempre, por eso, es pasar a un nuevo estado, donde se revelará en nosotros plenamente la condición de hijos e hijas de Dios. Seguramente tenemos muchas preguntas sobre la vida eterna, porque, en nuestra actual condición, en esta realidad mortal, apenas llegamos a imaginar lo que será esa vida. Sin embargo, ya desde ahora la esperamos con alegría, porque compartiremos la condición que ya tiene Jesucristo Resucitado.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 20, 27-38

Se acercaron a Jesús algunos saduceos que niegan la resurrección y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y luego, el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos ¿de quién será esposa ya que los siete la tuvieron por mujer?". Jesús les respondió: "En este mundo, los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casan. Ya no pueden morir porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, 'el Dios de Isaac y el Dios de Jacob'. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él".
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

Relaciones que transcienden los límites de la muerte

El Papa emérito Benedicto XVI gustaba reflexionar sobre la racionalidad de la fe, su relación con la libertad. Escribía: “Dios es el origen de nuestro ser y cimiento, cúspide de nuestra libertad; no su oponente (la fe verdadera potencia lo verdaderamente humano, no lo degrada ni lo limita). Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ¿cómo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla?”

Cuando se plantean debates a cerca de los contenidos de la laicidad o del espacio público de la religión católica, la comunidad de discípulos de Jesús debiera situarse en la sociedad transmitiendo la intuición original de Cristo. Esa experiencia del Dios de vivos que no se cansa de insistir en reproducir en las relaciones sociales el modelo relacional trinitario: Una relación que transciende los límites de la muerte. La comunión de amor y vida que deja espacio al otro. De ahí que: “La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos”. Ese abrazo incluye un sentido de fraternidad universal, incluye a los no creyentes. Si queremos ser fieles a Cristo no nos cansaremos de buscar por todos los medios, hacer de la Iglesia una escuela donde aprender a abrazarnos…y donde aprender a abrazar la VIDA con sus tensiones y su cruz. Conviene presentar nuestra fe y nuestra propuesta de sentido, sabiéndonos aprendices, y no sólo maestros. Hasta el momento de espirar nuestro último aliento estaremos aprendiendo a vivir de la confianza en el Dios Trinidad. Esa confianza no es ciega, por más que se oscurezca en algunas ocasiones.

La fe en la resurrección conlleva un modo de vida

La fe en la resurrección es ante todo un acto de fe en Dios Creador y “amigo de la vida”, un Dios que nos ha hecho para la vida. “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti”. “El que te creo sin ti, no te salvará sin ti” (S. Agustín). Es al mismo tiempo un acto de fe en la capacidad humana para la libertad y la autonomía (somos libres cuando escogemos el bien). Es fe en la presencia amorosa de Dios en la historia de los humanos que culmina en la Encarnación, muerte y resurrección del mismo Hijo de Dios.

¿Qué pasa cuando no se cree en la vida eterna? Que no se cree en Dios. Esto tiene implicaciones en la vida terrena. Si sólo contamos con lo que podamos “acumular” al cabo de nuestros años…hay que afanarse; o disfrutar a tope, o deprimirse o frustrarse si uno no cumple sus “sueños”, o aceptar con serenidad la condición humana limitada y sin horizonte. Pero entonces, como ya se preguntaba el autor del libro de los Macabeos ¿qué pasa con las víctimas inocentes? ¿Mala suerte? ¿Quién y cómo les hará justicia? Las preguntas se propagan también entre los creyentes: ¿Qué pasa cuando se olvida el artículo del Credo que Jesús menciona en el evangelio de hoy? “creemos que ha de venir a juzgar a vivos y muertos”. ¿Qué significa el juicio de Dios?

Responderlas requiere superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Para ello podemos leer en los libros de la Naturaleza, la Sagrada Escritura y la Liturgia.

Lo que podemos esperar ahora y en la eternidad

Cuando Cristo en el evangelio apela al “juicio” en la hora postrera, esa hora confesada en el Credo, ¿qué nos querrá decir? Que debemos asumir la responsabilidad de las propias decisiones. Más allá de la imagen de un tribunal con juez, fiscal y abogado, significa que no todo da igual. Hablar del juicio de Dios supone confrontarnos con nuestra verdad, con nuestras acciones y deseos; pero también con nuestra capacidad de acoger el amor y la gracia, el perdón y la misericordia. Ni la justicia ni la misericordia menoscaban el acto de fe en el amor infinito de Dios.

Existe la posibilidad de malograr la vida. Pero existe sobre todo la capacidad de reaccionar a tiempo y ahondar en la conciencia hasta hallar la paz. Para los cristianos creer es antes que nada sentirse amado por Dios en Cristo. Quien se siente amado confía en su Creador como Redentor y Padre de la misericordia.

Estar vivos es lo que importa, (pero no a cualquier precio o de cualquier modo), estar vivo implica mucho. No se trata sólo de tener buena salud, sino de dejar una huella de bondad en el género humano: agradecimiento, perdón, solidaridad, compasión, deseo, paciencia, capacidad de goce y de resistencia. Ser cristiano significa “saber lo que puedo esperar”… ahora y en la eternidad.


ESTUDIO BÍBLICO

Hemos sido creados para la vida no para la muerte

Iª Lectura: 2º Macabeos (7,1-14): El martirio como experiencia de vida

I.1. Desde la fiesta de Todos los Santos, la liturgia del año comienza a introducirnos en los temas llamados escatológicos, los que se preocupan de las últimas cosas de la vida y de la fe, del futuro personal y de esta historia. Y hay que poner de manifiesto que sobre esas ultimidades es necesario preguntarse, y debemos relacionarnos con ellas como planteamiento base de la existencia cristiana: ¿Qué nos espera? ¿En quién está nuestro futuro? ¿Será posible la felicidad que aquí ha sido imposible? La liturgia de hoy quiere ofrecernos respuesta, más bien aproximaciones, de lo que fue uno de los descubrimientos más grandes de la fe de Israel y de los mismos planteamientos personales de Jesús, el Señor.

I.2. Esta lectura de los Macabeos nos cuenta la historia del martirio de una familia piadosa judía del s. II a. Cristo que no consintió en renunciar a sus tradiciones religiosas de comer algo impuro y someterse a la mentalidad pagana de los griegos. Es una de las epopeyas religiosas en que se descubre que, cuando se da la vida por algo, siempre se hace porque se considera que la vida aquí en la tierra no lo es todo, que debe haber otra vida. Esta creencia le costó mucho descubrirla al pueblo de Dios. Durante mucho tiempo se creía en Dios, pero no fue fácil dar un paso hacia la afirmación de que ese Dios nos ha creado para la vida y no para la muerte.

IIª Lectura: 2ª Tesalonicenses (2,15 -3,5): Dios, nuestro consuelo y esperanza

La segunda lectura nos ofrece un texto de consolación. El autor, en este caso puede ser un discípulo de Pablo, más que Pablo mismo, habla de un consuelo eterno y una esperanza espléndida. Sin duda que se refiere a lo que se trata en la carta: el final de los tiempos y la suerte de los que han muerto. La Palabra del Señor trae a los hombres esa esperanza, esa posibilidad, esa opción que hay que hacer frente a ella. Porque en este mundo, en lo más radical de nosotros mismos, debemos elegir entre la nada o esa esperanza que Dios nos ofrece. El autor se apoya precisamente en que Dios es fiel y nunca falta a sus promesas; si Él ha prometido la vida, debemos vivir con esa esperanza espléndida.

Evangelio: Lucas (20,27-38): Nadie, desde su muerte, vive en la "nada"

III.1. En el evangelio de este día es donde encontramos una de las páginas magistrales de lo que Jesús pensaba sobre esas ultimidades de la vida. El profeta Jesús, como persona, como ser humano, se pregunta, y le preguntaban, enseñaba y respondía a las trampas que le proponían. La ley de la halizah (Dt 25,9-19) es a todas luces inhumana, no solamente antifeminista. La ridiculez de la trampa saducea para ver de quién será esposa la mujer de los siete hermanos no hará dudar a Jesús. En este caso son los saduceos, el partido de la clase dirigente de Israel, que se caracterizaba, entre otras cosas, por una negación de la vida después de la muerte, los que pretenden ponerle en ridículo. En ese sentido, los fariseos eran mucho más coherentes con la fe en el Dios de la Alianza. Es verdad que la concepción de los fariseos era demasiado prosaica y pensaban que la vida después de la muerte sería como la de ahora; de ello se burlaban los saduceos que solamente creían en esta vida. En todo caso, su pensamiento escatológico podría ceñirse a la supervivencia del pueblo de Dios en este mundo, en definitiva… un mundo sin fin, sin consumación. Y, por lo mismo, donde el sufrimiento, la muerte y la infelicidad, nunca serían vencidas. Sabemos que Lucas ha seguido aquí el texto de Marcos, como lo hizo también Mateo.

III.2. Jesús es más personal y comprometido que los fariseos y se enfrenta con los materialistas saduceos; lo que tiene que decir lo afirma rotundamente, recurre a las tradiciones de su pueblo, a los padres: Abrahán, Isaac y Jacob. Pero es justamente su concepción de Dios como Padre, como bondad, como misericordia, lo que le llevaba a enseñar que nuestra vida no termina con la muerte. Un Dios que simplemente nos dejara morir, o que nos dejara en la insatisfacción de esta vida y de sus males, no sería un Dios verdadero. Y es que la cuestión de la otra vida, en el mensaje de Jesús, tiene que ver mucho con la concepción de quién es Dios y quiénes somos nosotros. Jesús tiene un argumento que es inteligente y respetuoso a la vez: no tendría sentido que los padres hubieran puesto se fe en un Dios que no da vida para siempre. El Dios que se reveló en la zarza ardiendo de Sinaí a Moisés es un Dios de una vez, porque es liberador; es liberador del pueblo de la esclavitud y es liberador de la esclavitud que produce la muerte. De ahí que Jesús proclame con fuerza que Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Para Él “todos están vivos”, dice Jesús afirmando algo (según Lucas lo entiende) que debe ser el testimonio más profundo de su pensamiento escatológico, de lo que le ha preocupado al ser humano desde que tiene uso de razón: hemos sido creados para la vida y no para la muerte.

III.3. Es verdad que sobre la otra vida, sobre la resurrección, debemos aprender muchas cosas y, sobre todo, debemos “repensar” con radicalidad este gran misterio de la vida cristiana. No podemos hacer afirmaciones y proclamar tópicos como si nada hubiera cambiado en la teología y en la cultura actual. Jesús, en su enfrentamiento con los saduceos, no solamente se permite desmontarles su ideología cerrada y tradicional, materialista y “atea” en cierta forma. También corrige la mentalidad de los fariseos que pensaban que en la otra vida todo debía ser como en ésta o algo parecido. Debemos estar abiertos a no especular con que la resurrección tiene que ocurrir al final de los tiempos y a que se junten las cenizas de millones y millones de seres. Debemos estar abiertos que creer en la resurrección como un don de Dios, como un regalo, como el final de su obra creadora en nosotros, no después de toda una eternidad, de años sin sentido, sino en el mismo momento de la muerte. Y debemos estar abiertos a “repensar”, como Jesús nos enseña en este episodio, que nuestra vida debe ser muy distinta a ésta que tanto nos seduce, aunque seamos las mismas personas, nosotros mismos, los que hemos de ser resucitados y no otros. Debemos, a su vez, “repensar” cómo debemos relacionarnos con nuestros seres queridos que ya no están con nosotros y hacer del cristianismo una religión coherente con la posibilidad de una vida después de la muerte. Y esto, desde luego, no habrá teoría científica que lo pueda explicar. Será la fe, precisamente la fe, lo que le faltaba a los saduceos, el gran reto a nuestra cultura y a nuestra mentalidad deshumanizada. No seremos, de verdad, lo que debemos de ser hasta que no sepamos pasar por la muerte como el verdadero nacimiento. Si negamos la resurrección, negamos a nuestro Dios, al Dios de Jesús que es un Dios de vivos y que da la vida verdadera en la verdadera muerte.


viernes, 8 de noviembre de 2013

8 DE DICIEMBRE


 SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 
DE MARÍA SANTÍSIMA

 "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".

La fiesta de la Inmaculada Concepción de María nos tiene que ayudar a pensar y meditar sobre nuestro propio destino como creyentes y nuestro destino comunitario como Iglesia. Esta fiesta no intenta sólo hacernos admirar y celebrar los “privilegios” y “gracias” de la primera discípula, sino recordarnos a todos, tal y como leemos en la liturgia de hoy, que Dios nos ha escogido en su querido Hijo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Dios nos ha escogido en su Hijo para una nueva creación, la creación que empieza con la nueva Eva, María, que empieza con una mujer sin pecado original que nos traerá el Salvador.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA

"Dios no deja de buscar al hombre, y busca justamente al hombre que ha pecado. No porque Dios no lo encuentre, sino para que sea el hombre quien se deje encontrar por Dios que ha dado el paso de buscarlo y llamarlo. En Dios está siempre la iniciativa, desde la creación hasta la reconciliación. El pecado tiene ese efecto. Pensamos que Dios nos castigará y de ese modo, nuestra 'culpa' o 'sentimiento de culpa' nos aleja de él. ¡Si justamente Dios busca lo contrario!"

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les habría prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?". "Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí". Él replicó: "¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?". El hombre respondió: "La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él". El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante cosa?". La mujer respondió: "La serpiente me sedujo y comí". Y el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón". El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo 97, 1-4

R. ¡Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas!

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

SEGUNDA LECTURA

El proyecto ("destino", según este himno) de Dios es que vivamos como sus hijos. De esta manera nuestra condición supera ampliamente la de cualquier otra creatura. Ser hijos de Dios nos habilita para considerar a Dios como Padre y entregarnos en sus brazos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 3-6. 11-12.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En él, hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano para ser alabanza de su gloria, según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad.
Palabra de Dios.

EL EVANGELIO PARA EL DÍA DE HOY

"¿De dónde, repito, te ha llegado tan gran bien? Eres virgen, eres santa, has hecho un voto; pero es muy grande lo que has merecido; mejor, lo que has recibido. ¿Cómo lo has merecido? Se forma en ti quien te hizo a ti; se hace en ti aquel por quien fuiste hecha tú; más aún, aquel por quien fue hecho el cielo y la tierra, por quien fueron hechas todas las cosas; en ti la Palabra se hace carne recibiendo la carne, sin perder la divinidad. Hasta la Palabra se junta y une con la carne, y tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio; vuelvo a repetirlo: tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio, es decir, de la unión de la Palabra y de la carne" (San Agustín, Sermón 291).

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?". El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra". Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

El primer aspecto que podemos destacar es el paralelo entre la primera lectura y el Evangelio. Son dos momentos transcendentales de la Historia de la Salvación, y me atrevería a decir de nuestra historia de Salvación personal. En el primero nos situamos tras el pecado, tras la desobediencia del hombre del mandato divino de no creerse el centro de todas las cosas y libre de vivir sin normas. Es interesante ver tres cosas: la primera que el hombre tiene miedo de Dios y se esconde, la segunda que se ve a sí mismo como desnudo y la tercera que no admite su culpa.

Que el hombre tenga miedo de Dios nos puede parecer normal a nosotros, pero no lo era para Adán, acostumbrado a la intimidad con Dios en el paraíso. Es una consecuencia del pecado; una consecuencia de alejarnos de Dios es pensar que nuestro creador sólo se nos manifiesta para condenarnos o amonestarnos, reacción que sin duda esperaba Adán. La segunda consecuencia es verse desnudo, verse inválido, verse en definitiva sin dignidad, porque el pecado no es una mera transgresión de las normas establecidas, es algo que hace perder su dignidad al hombre. Y por último es muy interesante ver como los protagonistas se van “escurriendo el bulto”, ninguno de ellos quiere asumir su responsabilidad y todos van acusando al siguiente: el hombre a la mujer y la mujer a la serpiente.

Muy diferente es la lectura de la Anunciación. Con ella comienza la nueva creación a la que esta llamada el hombre por medio de Cristo. En primer lugar María, a la que también llega un mensaje “del cielo” mediante el Arcángel Gabriel, textualmente mensajero de Dios, no se esconde, no huye. María, con la valentía que sólo tienen los verdaderamente humildes, escucha el mensaje de Dios. En segundo lugar no repara en su desnudez, en el hecho de que todos los hombres tenemos nuestra vida y nuestros pensamientos descubiertos delante de Dios. María no repara en que Dios la conoce y la sondea como dice el salmo porque no vive esa experiencia como algo externo, sino como su mayor anhelo. Y por último María no intenta huir de su responsabilidad. Pregunta cómo será ese milagro, pero no intenta en ningún momento “culpar” a nadie. En definitiva ella libremente será la que acoja su historia. Esta diferencia entre los dos textos ya nos marca el momento de nueva creación que conmemoramos en la fiesta de la Inmaculada.

Detengámonos un momento en la segunda lectura que es quizás la más importante de las de hoy. En ella se nos dice que estamos destinados a ser “santos e irreprochables” por Cristo ante Dios. Es nuestro destino de criaturas nuevas. Los nacidos de la nueva Eva. Pero posteriormente, en la misma carta, podemos leer que este destino es también compartido por la Iglesia: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificarla mediante el bautismo y la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5, 25-27). Es decir, María Inmaculada se convierte así en el modelo del creyente y de la Iglesia, ambos llamados a vivir esta ausencia de pecado y ser irreprochables ante Dios por el Amor. El proyecto de Dios para con el hombre tras la Encarnación de Cristo está claro tal y como dice R. Cantalamesa: “Una humanidad de santos e inmaculados: he aquí el gran proyecto de Dios al crear la Iglesia. Una humanidad que pueda, por fin, comparecer ante Él, que ya no tenga que huir de su presencia, con el rostro lleno de vergüenza como Adán y Eva tras el pecado. Una humanidad, sobre todo, que Él pueda amar y estrechar en comunión consigo, mediante Su Hijo, en el Espíritu Santo”.

En este contexto podemos entender nuestra fiesta de hoy, en el contexto en que San León Magno encuadra la mariología al decir que “Lo que el Espíritu puso en María lo paso los sacramentos” y más concretamente “concedió a la Iglesia lo que había concedido a su Madre” (sermón 25). María Inmaculada es el faro donde el creyente ve su vocación a la caridad perfecta; donde la Iglesia se tiene que ver como proyecto de santidad perfecto. La liturgia nos habla de María como modelo de santidad. Pero no podemos dejar de verla también como ayuda en este devenir, como intercesora privilegiada, en definitiva como Virgen Inmaculada pero también como Madre de todos los nuevos creyentes, madre del la humanidad renovada que vive en la Iglesia.

¡Salve Virgen y Esposa! Saluda desde hace quince siglos la oración ortodoxa del Akatistos a María. Y precisamente con algunos de sus fragmentos que hacen referencia a todo lo que aquí hemos dicho, a esta fiesta de la recreación del hombre gracias al Hijo de María, podemos concluir:

Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!


ESTUDIO BÍBLICO

El Señor hizo en mí maravillas ¡Gloria al Señor!

La festividad de la Inmaculada, en medio del Adviento, desata, religiosamente hablando, todos los resortes más sensibles y utópicos de lo que ha perdido la humanidad. Si analizamos todo ello psicológicamente, habría que recurrir a muchos elementos culturales, ancestrales, pero muy reales, del pecado y de la gracia. El contraste entre la mujer del Génesis que se carga de culpabilidad y la mujer que aparece en la Anunciación, resuelve, desde el proyecto del Dios del amor, lo que las culturas antifeministas o feministas no pueden resolver con discusiones estériles.

Iª Lectura: Génesis (3,9-15.20): El egoísmo del pecado

I.1. La primera lectura de Génesis 3,9-15.20 es la exposición catequética y teológica de un autor llamado "yahvista" (la tesis más extendida), que se limita a poner por escrito toda la tradición religiosa de siglos, en ambientes culturales diversos, sobre la culpabilidad de la humanidad: Adán-Eva. Lo prohibido o lo vedado nos abruma, nos envuelve, nos fascina, nos empapa en libertad desmesurada, hasta que vemos que estamos con las manos vacías. Entonces empiezan las culpabilidades: la mujer, el ser débil frente al fuerte, como ha sucedido en casi todas las culturas, carga con más culpa por parte del varón, pero no por parte de Dios. Y por medio aparece el mito de la serpiente, como símbolo de una inteligencia superior a nosotros mismos, que no es divina, pero lo parece.

I.2. Es muy razonable que debamos desmitologizar muchas cosas del relato, pero eso no quiere decir que esté falto de sentido. Es verdad que hoy no podemos concebir que el "pecado original" consista en comer o no comer de un árbol prohibido. Pero el relato deja ciertas pistas que son elocuentes: el ser humano, instigado por la serpiente, quiere absolutizar su vida, quiere absolutizarse a sí mismo y apoderarse de lo creado como un ser divino, prescindiendo del Dios creador. A la vez, la "experiencia de alteridad" se muestra en que el otro es peor que yo; esto sí que explica muchos males en la historia de la humanidad. Así comienza un camino de despropósitos, sencillamente porque el ser humano, con su chispa divina en el corazón y en el alma, no es nada sin Dios. ¿Quién podrá devolver a la humanidad todo su sentido? Dios mismo, pero cuando la humanidad se abra profundamente a su creador.

I. 3. El mal siempre ha sido descrito míticamente. Pero en realidad el mal lo hacemos nosotros y lo proyectamos al que está frente de nosotros, especialmente si es más débil, según la una visión cultural equivocada. ¿Quién podrá liberarnos de ello? Siempre se ha visto en este texto una promesa de Dios; una promesa para que podamos percibir que el mal lo podemos vencer, sin proyectarlo sobre el otro, si sabemos amar y valorar a quien está a nuestro lado; en este caso el hombre a la mujer y la mujer al hombre.

IIª Lectura: Efesios (1,3-6.11-12): Dios nos ha destinado a ser hijos

II.1. La segunda lectura se toma del himno de Efesios. Los himnos del NT se cantaban como confesiones de fe, en alabanza al Dios salvador, que por Jesucristo se ha revelado a los hombres. Esta carta que se atribuye a Pablo, o a uno de sus discípulos mejor, ha recogido este himno en el que se nos presenta a Cristo ya desde los orígenes, antes incluso de la creación el mundo y con Cristo se tiene presente a toda la humanidad. Se alaba a Dios porque, en Cristo, nos ha elegido para ser santos y sin tacha (diríamos sin pecado) en el amor. Como santos nos parecemos a Dios, y por eso estamos llamados a vivir sin la culpabilidad y el miedo del pecado. Esto lo logra Dios en nosotros por el amor. Porque Dios nos ha destinado a ser sus hijos, no sus rivales.

II.2. Por lo mismo, esa historia de culpabilidades entre los fuertes y los débiles, entre hombre y mujer, es atentar contra la dignidad de la misma creación. Cristo, pues, viene para romper definitivamente esa historia humana de negatividad, y nos descubre, por encima de cualquier otra cosa, que todos somos hijos suyos; que los hijos de Dios, hombre o mujer, esclavos o libres, estamos llamados a la gracia y al amor. Esta es nuestra herencia.

Evangelio: Lucas (1,26-38): La respuesta a la gracia, cura el pecado

III.1. El evangelio de la "Anunciación" es, sin duda, el reverso de la página del Génesis. Así lo han entendido muchos estudiosos de este relato maravilloso lleno de feminismo y cargado de símbolos. Aunque aparentemente no se usen los mismos términos, todo funciona en él para reivindicar la grandeza de lo débil, de la mujer. Para mostrar que Dios, que había creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, tiene que decir una palabra definitiva sobre ello. Es verdad que hay páginas en el mundo de la Biblia que están redactadas desde una cultura de superioridad del hombre sobre la mujer. Pero hay otras, como este evangelio, que dejan las cosas en su sitio. Cuando Dios quiere actuar de una forma nueva, extraordinaria e inaudita para arreglar este mundo que han manchado los poderosos, entonces es la mujer la que se abre a Dios y a la gracia.

III.2. Se han hecho y se pueden hacer muchas lecturas de este relato asombroso. Puede ser considerado como la narración de la vocación a la que Dios llama a María, una muchacha de Nazaret. Todo en esta aldea es desconocido, el nombre, la existencia, e incluso el personaje de María. Es claro que, desde ahora, Nazaret es punto clave de la historia de la salvación de Dios. Es el comienzo, es verdad, no es final. Pero los comienzos son significativos. En el Génesis, los comienzos de la "historia" de la humanidad se manchan de orgullo y de miedo, de acusaciones y de despropósitos. Aquí, en los comienzos del misterio de la "encarnación", lo maternal es la respuesta a la gracia y abre el camino a la humanización de Dios. María presta su seno materno a Dios para engendrar una nueva humanidad desde la gracia y el amor. ¿Cómo? Entregando su ser humano a la voluntad de Dios. Querer decir más sería entrar en una elucubración de conceptos y afirmaciones "dogmáticas" que nos alejarían del sentido de nuestro relato.

III.3. El relato tiene todo lo mítico que se necesita para hablar de verdades profundas de fe (si aparece un ángel es por algo); no debemos ser demasiado "piadosillos" en su interpretación. En realidad todo acontece de parte de Dios, pero no en un escenario religioso. Por eso es más asombrosa esta narración que, sin duda, tiene de histórico lo que le sucede a María en su vida. Ella es una criatura marginal que ha sido elegida por Dios, y esto es tan real como histórico. Su hijo será también un judío marginal. Es un relato que no está compuesto a base de citas bíblicas, pero sí de títulos cristológicos: grande, Hijo del Altísimo, recibirá el trono de David su padre. Todo eso es demasiado para una muchacha de Nazaret. Y todo ocurre de distinta manera a como ella lo había pensado; ya estaba prometida a un hombre. Ella pensaba tener un hijo, ¡claro!, pero que fuera grande, Hijo del Altísimo y rey (Mesías en este caso), iba más allá de sus expectativas. Pero sucede que cuando Dios interviene, por medio del Espíritu, lo normal puede ser extraordinario, lo marginal se hace necesario. Esa es la diferencia entre fiarse de Dios como hace esta joven de Nazaret o fiarse de "una serpiente" como hizo la mítica Eva.

III.4. María de Nazaret, pues, la "llena de gracia", está frente al misterio de Dios, cubierta por su Espíritu, para que su maternidad sea valorada como lo más hermoso del mundo. Sin que tengamos que exagerar, es la mujer quien más siente la presencia religiosa desde ese misterio maternal. Y es María de Nazaret, de nuestra carne y de nuestra raza, quien nos es presentada como la mujer que se abre de verdad al misterio del Dios salvador. Ni los sacerdotes, ni los escribas de Jerusalén, podían entenderlo. La "llena de gracia" (kejaritôménê), con su respuesta de fe, es la experiencia primigenia de la liberación del pecado y de toda culpa. Dios se ha hecho presente, se ha revelado, a diferencia del Sinaí, en la entraña misma de una muchacha de carne y hueso. No fue violada, ni maltratada, ni forzada... como otras como ella lo eran por los poderosos soldados de imperio romano que controlaban Galilea. Fue el amor divino el que la cautivó para la humanidad. Por eso, en un himno de San Efrén (s. IV) se la compara con el monte Sinaí, pero el fuego devorador de allí y la llama que los serafines no pueden mirar, no la han quemado. Esta "teofanía" divina es otra cosa, es una manifestación de la gracia materna de Dios.