domingo, 27 de agosto de 2017

DOMINGO 21º DEL TIEMPO ORDINARIO


“¿QUIEN DICEN USTEDES QUE SOY YO?”
  
Las preguntas y su repercusión en la vida y en la fe. El Evangelio de hoy nos sitúa ante la fe cristiana, “dejándonos interpelar” por Jesucristo, y recibiendo la “revelación de Dios”, como fuente de bienaventuranza. En la Biblia Dios pregunta a las personas; las personas preguntan a Dios; y el hombre se pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Quién es Cristo para mí? Las preguntas son más necesarias aún que las respuestas. Las preguntas nos mueven, nos despiertan, pero sobre todo nos comprometen, porque crean una relación personal. Por eso, las preguntas de Dios y a Dios, nos ayudan a entrar en conversación con El y a dar a la escucha de su Palabra el valor de sentido para la vida. Como seres humanos, como creyentes, como pobres y buscadores, necesitamos preguntarnos y dejarnos preguntar, porque lo que ignoramos es siempre más que lo que sabemos. La formulación de preguntas es el mejor camino para el encuentro con la verdad... La pregunta del otro sobre mí, y mi relación con él, es necesaria para la madurez humana y espiritual. Así ocurre con la pregunta de Jesús hoy: “¿Quien dice la gente que es el Hijo del Hombre? Y vosotros ¿quien decís que soy yo?, centra hoy nuestra oración y nuestra reflexión, encontrando en la relación que supone esa pregunta, infinidad de respuestas a toda nuestra vida.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

 “Dar las llaves” implica siempre el otorgamiento de algún grado de autoridad. En este pasaje profético se nos indica también cómo debe ser ejercida esa autoridad: “será un padre para los habitantes de Jerusalén”. Así, toda autoridad deberá tener siempre presente el carácter servicial de su función.

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio: “Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.
Palabra de Dios.

Salmo 137, 1-3. 6. 8

R. Tu amor es eterno, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo templo y daré gracias a tu nombre. R.

Daré gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! R.

II LECTURA

San Pablo ha expuesto en su carta la inmensa misericordia de Dios, que abarca a todos los pueblos, judíos y gentiles. Esta misericordia lo hace alabar a Dios con gratitud. ¡Tan grande es este misterio de amor que excede lo que nuestra mente puede alcanzar!

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 33-36

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! “¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?”. Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Mt 16, 18

Aleluya. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Aleluya.


EVANGELIO

La fe cristiana se vive en comunidad. Al usar la imagen de la Roca, Jesús quiere dar a esta comunidad un fundamento sólido y estable, un cimiento firme que pueda resistir los embates del enemigo. Cuando todos los que formamos la Iglesia, pastores y pueblo, nos mantenemos unidos profesando nuestra fe en Jesucristo como el Mesías Vivo, nos animamos unos a otros a vivir plenamente nuestra fe.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-20

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes”, les preguntó, “¿quién dicen que soy?”. Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

La relación y las preguntas

Cada domingo la Palabra de Dios nos interpela, e invita a preguntarle a Dios, permitiéndonos compartir inquietudes de fe. Con los demás. Así empieza siempre una relación de fe. La experiencia de la fe se inicia así, con una relación que conlleva la pregunta personal y comunitaria sobre Jesucristo. ¿Quien decís vosotros que soy yo? ¿Qué lugar ocupo en tu vida? ¿Qué dice y expresa vuestra vida de mí? En el Evangelio de hoy, Jesús nos hace dos preguntas: Una general: “Quien dice la Gente que es el Hijo de Hombre”. Otra, totalmente personal y comunitaria, que implica la intimidad y la relación, y que lleva a la confesión de fe: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Le pregunta al grupo de los discípulos, pero la respuesta se da en comunidad. Por esa pregunta y el modo de responder, empieza el proceso y apertura a la relación de fe con Jesucristo.

Dejarse interpelar por la Persona de Jesús hoy, es un reto para el cristiano y su comunidad

Jesús sigue vivo y nos interpela en la lectura orante de su Palabra... Y así, a Jesús lo vamos conociendo, Sólo hay un camino para ahondar en su misterio: la relación y el seguimiento. Cada uno hemos de ponernos ante Jesús, y escuchar: ¿Quién soy yo para tú? ¿Qué dice tu vida de mí? ¿Quién soy yo para vosotros? ¿Cómo me expresan vuestras relaciones? Una pregunta que no sólo nos cuestiona sobre Jesús, sino también sobre nosotros mismos. ¿Quién soy yo? ¿En quién creo? ¿Desde donde oriento mi existencia? ¿A qué se reduce mi fe?

¿Quien decís que soy yo?

Cuando escuchamos esta pregunta, podemos pensar en fórmulas doctrinales: Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo, el Redentor de la humanidad. Pero ¿basta pronunciar estas palabras para convertirnos en seguidores suyos? Podemos responder por costumbre, por piedad o por disciplina, pero parece que no es ese el sentido de la pregunta, que invita más bien a examinar la relación con Jesús, Hay cristianos que, alardean incluso de su ortodoxia, pero no conocen el dinamismo del Espíritu de Cristo... Por eso, hoy necesitamos responderle con la vida más que con palabras sublimes, porque la fe no consiste en creer algo, sino creer en Alguien. Lo decisivo en la fe, es encontrarse con Jesucristo personal y comunitariamente.

Pedro, modelo de un discípulo creyente

La figura de Pedro es modelo de creyente, con un papel fundamental en la formación de la Iglesia. Es la imagen primordial del cristiano, creyente y dubitativo; discípulo de Jesús, pero también su tentador; el que le confiesa y el que le traiciona. Todo lo cual lleva a replantear el tipo de relación que establecemos con El. A la primera pregunta de Jesús responden todos los discípulos. A la segunda sólo responde Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16)... Pero en aquí, no se manifiesta tanto el conocimiento de Pedro, sino la fe de la comunidad: ¡Tú eres el Hijo de Dios vivo! Una verdadera confesión de fe, que cobra valor con la palabra de Jesus reconociendo la revelación en la fe, y otorgando a Pedro un poder por esa misma confesión. Jesús llama bienaventurado a Pedro porque ha confesado la fe que expresa la realidad del misterio de Dios y de Jesús. La lectura de Rom 11, 33-36, habla hoy de la revelación como un misterio que nadie puede conocer por sí mismo. Todo lo hemos recibido de Él. Por eso, la fe no puede ser el resultado de una investigación humana o de una búsqueda racional, sino la respuesta a una interpelación de Dios, que siempre tiene la iniciativa en el proceso de la fe.

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

¿Quién es esa piedra? Simón recibe de Jesús el sobrenombre de piedra, como una función y un encargo de seguridad y consistencia sobre la que edificar su Iglesia. Se sigue discutiendo si las palabras. “Tú eres “piedra”, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, se refiere a la persona de Pedro o a la confesión de fe que Pedro proclama, aunque sea aquí donde fundamenta la tradición, el Primado y la infalibilidad papal. Pero la pregunta que nos hacemos es ¿donde está fundamentada la Iglesia, en Pedro o en Cristo? En Cristo, claro está. (1Cor 3,11, Ef 2,20), y eso es lo que confiesa Pedro en el evangelio de Mateo. Con esta confesión de fe, Pedro expresa su ser y su misión, convirtiéndose en prototipo de todos los creyentes. Los seguidores de Jesus que aceptamos el evangelio tenemos como roca de salvación la confesión de la fe que hace Pedro. Pero no es la confesión de un hombre solitario y cargado de responsabilidad personal para atar y desatar, porque tiene las llaves del reino de los cielos...Es la confesión de una Iglesia a la que él representa. Porque la salvación de cada uno, no depende de Pedro sino de la gracia y la misericordia de Dios, revelada en Jesucristo y a quien Pedro confiesa.

ESTUDIO BÍBLICO.

Iª Lectura: Isaías (22,19-23): La autoridad de la justicia

I.1. La Iª Lectura se refiere probablemente a una serie de acontecimientos políticos y de la corte del rey Ezequías, que tienen conexión, de alguna manera, con el momento en que Senaquerib, emperador de Asiria, invadió la tierra santa (701 a. C.). Jerusalén estuvo a punto de caer, pero algo sucedió que impidió la conquista de la ciudad de Sión. Se han dado distintas opiniones al respecto, siendo la más probable una rebelión de Babilonia… y esto era más urgente que la caída de Jerusalén. El profeta Isaías siempre entendió que eso se debía a la acción de Dios que conduce todos los momentos de la historia. El pueblo, sin embargo, parece que se lo agradeció más al rey que a Dios. Todo esto se cuenta en 2Re 18-20. El reino quedó totalmente destruido, aunque Jerusalén no cayera en manos asirias.

I.2. En este oráculo de hoy, bajo el simbolismo de las llaves, que aparecerá en el evangelio, se quiere mostrar la actuación de Dios con el secretario Sobná, hombre rico y ambicioso, que se estaba construyendo un mausoleo que escandaliza al profeta frente a la situación de tributos, injusticias y pobreza que vive el pueblo. El profeta anuncia su destitución por Eliaquín, el mayordomo, que debía ser un hombre más consecuente con la situación posbélica.

I.3. El oráculo lo dice todo: un padre para el pueblo y en sus manos estarán las llaves del reino de David; era el hombre de confianza que necesitaba Ezequías en aquellos momentos, quien fue un rey reformador. Con las llaves se cierra y se abre. Será un administrador de justicia para un pueblo destrozado, donde los pobres son más pobres y los ricos más ricos. Esa es la situación que debe cambiar. Quien tiene las llaves, debe saber que es el administrador de Dios. Y que no tiene derecho a coartar libertades ni a permitir miserias.

II.ª Lectura: Romanos (11,33-36): Himno a la Sabiduría

II.1. El c. 11 de Romanos termina con un maravilloso himno a la sabiduría divina. Viene a cerrar los cc. 9-11, en los que el apóstol se ha planteado en profundidad el misterio del pueblo de Israel, su destino, su futuro. Y esto lo hace porque a través de toda la carta ha venido hablando de un pueblo nuevo, de una comunidad nueva, que no se fundamenta en otra cosa que en la fe en Jesucristo, quien ha dado su vida por toda la humanidad. Pero Pablo era judío, su raza no era determinante, pero en la lectura que hace del Antiguo Testamento lo ve como el pueblo que recibió las promesas de Dios, con un papel histórico y teológico que no se puede olvidar. Con este himno, Pablo concluye la parte doctrinal de la carta a los Romanos, y deja en manos del misterio de Dios, de su divina sabiduría, el destino de su pueblo por el que siente una cierta fascinación.

II.2. Algunos apuntan a que Rom 11,33-36 sería el himno conclusivo de la parte doctrinal de la carta (Rom 1-11). Pero no debemos olvidar la famosa y discutida doxología de Rom 16,25-27, también en forma de himno, que algunos manuscritos desplazan a Rom 14,23 o a Rom 15,33 y que ha dado lugar a la polémica sobre la autenticidad de Rom 16. ¿Pertenece Rom 16 a la carta dirigida a los Romanos? No es necesario entrar en esa discusión crítica de manuscritos. Podemos suponer, pues, que piezas como éstas se creaban o recreaban en las comunidades paulinas, para la liturgia, en las que no falta cierta influencia del judaísmo helenista. Pablo, por su parte, las aprovecha en momentos bien señalados para cerrar o rematar ciertas ideas decisivas. Este es uno de ellos, porque debemos estar de acuerdo que Rom 9-11 es una sección reflexionada y de largo alcance.

II.3. El himno pone de manifiesto algo que debemos tener muy presente. Desde luego, es un himno a Dios y nos recuerda mucho lo que podemos leer en el libro de Job (35,7;41,1-3), es decir, la impotencia del hombre frente al misterioso designio de la historia que no la podemos abarcar en profundidad, por muy alto que haya volado la humanidad. Encontrarse con Dios es “un misterio” y nadie puede exigirle algo, porque nadie le ha dado nada. Al contrario, todo lo hemos recibido de Él. Y resuena explícitamente la grandeza de la fidelidad de Dios al hombre, a la humanidad entera, no solamente a Israel.

II.4. En Rom 9-11 ni Israel ni los paganos, que ahora forman parte del proyecto salvador, son los verdaderos protagonistas de las afirmaciones y de los argumentos que se ponen sobre la mesa. Consideramos que el verdadero protagonista es Dios que quiere salvar a todos los hombres sin que eso sea faltar a su fidelidad a la alianza con Israel. Pero su fidelidad salvadora con Israel forma parte de este mismo proyecto. De ahí que este himno final venga a ponerse en el centro de todo esta acción salvadora de Dios como una decisión de su sabiduría. Tanto los paganos como Israel deben admirar la sabiduría divina. Las preguntas sapienciales de los vv. 34-35, inspiradas en dos textos de la Escritura (Is 40,13; Job 41,3) son suficientemente elocuentes al respecto. Nadie puede ni debe discutir la soberana libertad de Dios para salvar a todos los hombres y a Israel. Los pueblos han sido llamados a la salvación porque Dios lo quiere así. Israel será salvado, porque Dios así lo ha decidido.

Evangelio: Mateo (16,13-20): Confesión de fe viva y verdadera

III.1. El evangelio de hoy es uno de los textos más específicos de la teología de este evangelista. El simbolismo de las llaves, de atar y desatar, se aplica ahora a Pedro, el apóstol que habría de negar a Jesús. ¿De dónde nacen estas palabras, cuyo fondo arameo es innegable? Mc 8,27-29 no contiene las palabras sobre las llaves, lo cual resulta ciertamente extraño. Mateo nos ofrece una verdadera confesión de fe de Pedro en sentido pospascual y unas palabras de Jesús otorgándole un poder precisamente por esa confesión de fe. Por lo tanto, ese poder, en lo que se refiere a la comunidad de Mateo, tiene que ver con una promesa y función en la Iglesia. Este es uno de los textos más discutidos en torno al «primado» de Pedro y sus sucesores.

III.2. El texto de la confesión mesiánica de Pedro nos ofrece una de las lecturas más discutidas de la exégesis de Mateo. En su probable fuente, Mc 8,27ss, la confesión es de otro tono y, además, no están presentes las palabras sobre el “primado”. Es evidente que la tradición “católica” ha hecho un tipo de lectura que viene marcada por la sucesión apostólica de Pedro. Es, desde luego, de valor histórico que Simón, uno de los Doce, recibió el sobrenombre o apodo de Kefa (en arameo; kephas, en griego) y que sería traducido como Petros en griego, que significa “roca”. El que haya sido en este momento o en otro todo lo que se explica del sobrenombre en Mateo, no es relevante históricamente (pudo ser en otro momento cf Jn 1,42; Mt 4,18; 10,2), pero sí es significativo. Pedro pudo recibir este sobrenombre del mismo Jesús y haber sido llamado de esa manera durante su ministerio. Se seguirá discutiendo si las palabras de Jesús sobre la “piedra” se refieren a la persona de Pedro, o a la confesión que Pedro proclama (no olvidemos que es una confesión pospascual en toda regla). Pero aquí se funda, en la tradición católica, el primado y la misma “infalibilidad” papal. Pero ¿de qué valdría la "infalibilidad" si solamente se tiene en cuenta lo doctrinal?, porque la doctrina cambia con el tiempo en expresiones y en comprensión. Esta "vexata quaestio" no debería ser el fondo del texto de Mateo, sino precisamente la necesidad que tenemos de vivir en la "comunión" de la fe que nos salva, más que en la afinidad doctrinal. La Iglesia, pues, no se fundamenta sobre la doctrina, sino sobre la fe de Pedro, que es un misterio de confianza (emunah) en la palabra de Jesús, quien nos ha revelado la salvación de Dios. Ni el mismo Pedro sería nada sin la confesión de su fe en Cristo e Hijo de Dios (con todo lo que ello implica), ni la Iglesia tendría sentido sin el Cristo e Hijo de Dios confesado por Pedro. Pedro, por ello, no está situado por encima de la Iglesia, sino que recibe esa misión y lleva a cabo ese servicio en el seno de la misma comunidad a la que sirve con la confesión de su fe.

III.3. El texto de Mt 16,13-20 es campo de batalla entre católicos y protestantes y no lo debemos ignorar. Todavía en ello debemos tener grandes expectativas ecuménicas, con la esperanza de los pasos que hemos de dar con las respectivas interpretaciones que corresponden a las “tradiciones” cristianas de unos y de otros. Los católicos siempre interpretarán que “piedra” (petra) se refiere a Pedro (petros); los protestantes afirmarán que petra, por ser femenino, no se refiere a Pedro, sino a la confesión anterior: “tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. ¿Qué nos está permitido interpretar exegéticamente? La verdad es que las dos cosas son posibles. Pero hay muchos problemas por medio: ¿es una tradición unitaria? ¿son dos tradiciones unidas por el redactor de Mateo? Todas estas cosas quedan para un análisis crítico-literario-exegético de envergadura. En principio, nos parece más razonable interpretar que “sobre esta roca” ha de referirse a la confesión que Pedro acaba de pronunciar. Vendría a ser como decir que Simón recibe un nombre nuevo Petros, porque ha hecho una confesión decisiva y fundamental sobre la que ha de construirse (petra) la Iglesia.

III.4. Cada evangelista ha redactado la confesión de Pedro según sus preocupaciones teológicas y eclesiales. Las de Mateo están bien claras por el conjunto del texto de hoy. El problema, pues, sería si las palabras laudatorias de Jesús, después de la confesión de Pedro, son del mismo Jesús o de la Iglesia primitiva. Esto, desde luego, tiene divididos a los especialistas, aunque es más coherente pensar que la Iglesia posterior necesitó reivindicar la figura de Pedro como testigo cualificado y como “primero” entre los Doce. No deberíamos exagerar, como se hace frecuentemente, sobre los arameismos de las palabras laudatorias de Jesús, como si estas nos llevaran directamente a las mismas palabras de Jesús. De hecho, otros autores dan a entender que la construcción griega de estas palabras es más armónica de lo que parece; que no hay tanto arameismo en las mismas y que estamos ante la teología de un autor (en este caso Mateo) más que ante una “profecía” del Jesús histórico. Y eso sin entrar en la discusión, hoy no tan relevante, de si las palabras del “tu es petrus” son una interpolación posterior como defienden algunos especialistas.

III.5. Estas palabras, pues, significan que Pedro ha de ser el defensor de la Iglesia contra todas las asechanzas a las que está y estará sometida. La pregunta es ¿dónde está fundamentada la Iglesia, en Pedro o en Cristo? En Cristo, claro está (cf 1Cor 3,11; Ef 2,20), y es eso lo que confiesa Pedro en el evangelio de Mateo. Por lo mismo, no se puede echar sobre las espaldas del pescador de Galilea todo el peso de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios que ha ganado Cristo con su vida, con su entrega y su resurrección. Y otro tanto habría que decir de los sucesores de Pedro. De la misma manera, pues, la metáfora de “atar y desatar” se ha de interpretar en este tenor de defensa de la comunidad, del nuevo pueblo, de la Iglesia. Porque no debemos olvidar que esa misma metáfora la usará después Mt 18,15-20 para aplicarla a los responsables de la comunidad ante el pecado de los que son recalcitrantes y rompen la comunión.

III.6. En definitiva, el texto de Mateo, la fuerza del “tu es petrus” no debe hacernos olvidar que Pedro fue elegido por Jesús no para ser Papa, que es una institución posterior, reafirmada con la “infalibilidad” doctrinal, sino al servicio de la salvación de los hombres; aunque será inevitable tenerlo en cuenta en la historia de la interpretación del papado. Pero no podemos echar encima del texto de Mateo más de lo que dice y de lo que afirma; sin olvidar, además, la Iglesia o comunidad en la que aparece, una comunidad judeo-cristiana que necesitó de transformaciones muy radicales en confrontación con el judaísmo tradicional. Desde luego, los seguidores de Jesús que aceptamos el evangelio tenemos como “roca” de salvación la confesión de fe que hace Pedro. Pero no es la confesión de un hombre solitario y cargado de responsabilidad personal para “atar y desatar”, porque tiene las “llaves” del Reino de los cielos. Es la confesión de una Iglesia a la que él representa. Porque la salvación de cada uno de los cristianos o de cualquier hombre o mujer, no dependen de Pedro tampoco, sino de la gracia y la misericordia de Dios, revelada en Jesucristo, y a quien Pedro confiesa. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).


domingo, 20 de agosto de 2017

DOMINGO 20º DEL TIEMPO ORDINARIO



“Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”
  
Este domingo, las lecturas actúan sobre nosotros como un espejo que nos refleja nuestra verdadera identidad, más allá de los falsos honores, categorías y disfraces que nos gusta utilizar.

La palabra nos iguala a todos, con nuestros aciertos y errores, en la fraternidad universal. Cada ser humano, sea como sea su realidad, su historia, sus condiciones… es hijo de Dios y, por tanto, objeto de todo su amor y cuidado.

Nadie puede arrogarse la capacidad ni la condición de decirle a otro “tú no puedes acceder al amor del Señor” o “yo estoy más cerca de Dios que tú”. Todos tenemos debilidades al igual que la huella de Dios en nuestras entrañas. Él es infinitamente más grande que nuestras clasificaciones, su amor trasciende nuestros méritos y nuestros pecados.

La actitud creyente supone el sobrecogimiento ante tal misericordia y el esfuerzo de ser, con toda nuestra vida, testigos de la misma ante toda la humanidad.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Dios quiere romper los límites de cualquier grupo o nación que se crea con el derecho exclusivo de apropiárselo. Él no mira raza ni condición, él llega a todos para atraerlos hacia sí. Su Casa está abierta a todos. ¡Qué hermoso sería que nuestros países, nuestros templos y nuestras casas también lo estén!

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así habla el Señor: “Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia. Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa montaña y los colmaré de alegría en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
Palabra de Dios.

Salmo 66, 2-3. 5-6. 8

R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.

Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.

II LECTURA

San Pablo, judío y fariseo convertido, sufre por sus compatriotas que han rechazado a Cristo. Pero sabe que el amor y las promesas de Dios se mantienen firmes, también en su Alianza con el pueblo judío. Dios no deja a nadie fuera de su misericordia.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 13-15. 29-32

Hermanos: A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. Porque si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida? Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ahora ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Cf. Mt 4, 23

Aleluya. Jesús proclamaba la buena noticia del reino y sanaba todas las dolencias de la gente. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús recorre tierras extranjeras y paganas. Y hay allí una mujer que reconoce su poder y lo llama hijo de David. Desde su necesidad, ella tiene la sabiduría y la determinación para pedir la sanación. Sabe por experiencia que hay formas de distribución que hacen que el alimento alcance para todos, sin excepción. Si ella reconoció en Jesús al hijo de David, a la vez Jesús la reconoce a ella como una mujer de fe. Esa fe transforma y levanta desde la postración hacia la vida.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 21-28

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”. Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”. Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”. Ella respondió: “¡Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”. Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”. Y en ese momento su hija quedó sana.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

La misericordia infinita y universal de nuestro Dios es el mensaje central de las lecturas que este domingo nos ofrece.

El punto de partida serían las divisiones que las personas establecemos entre nosotros: judíos y gentiles, justos e impuros, creyentes y paganos… los que “son como yo” y los que no. Una catalogación que presupone que hay algunos que merecen la bendición de Dios y que para otros es inalcanzable.

La Palabra de hoy, en sus tres lecturas, nos muestra claramente que Dios no hace estas distinciones: su misericordia, la salvación que nos trae es absolutamente para todos.

El primer paso, pues, sería la toma de conciencia de que cada uno de nosotros está necesitado de esa misericordia, como lo hace la mujer cananea del evangelio que clama: “ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”. Nadie puede arrogarse el derecho o el merecimiento de nada frente a Dios, cada uno de nosotros, como nos dice la carta a los romanos, “desobedece” en algún punto del camino por lo que todo lo que recibimos de Él es pura Gracia de un Padre que siente infinita compasión por la humanidad.

Solo desde esa conciencia de nuestra precariedad como criaturas podemos establecer una acertada relación con el Señor.

Así ocurre también en el Evangelio, en el que Jesús se manifiesta como modelo de diálogo perfecto, en el que, desde de una posición inicial, se abre con humildad a la escucha de la mujer para llegar al punto de encuentro principal, que es su gran fe.

La cananea, por su parte, sabe de su condición y sus limitaciones, pero mucho más grande es su convencimiento y su confianza en Dios.

Esa relación con Él sana a nuestra protagonista, a su hija, a toda la humanidad. La narración evidencia lo que anunciaba el profeta Isaías en la primera lectura: Dios ofrece su amor, regala su salvación a todo ser humano, el límite lo pone cada cual en la medida que, en ejercicio de su libertad, quiera aceptarlo y disfrutarlo.

El último paso en este proceso lo encontramos en las palabras de S. Pablo “Así también ellos que ahora no obedecen, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia”. La misericordia llega a todos gracias también a la intervención de los hermanos. Sabernos beneficiarios de la Gracia de Dios nos urge a ser misericordiosos también nosotros con los hermanos. Pedirla y recibirla supone ser conscientes de que mi vida, mi camino, no son solo míos.

Son, por tanto, dos las cuestiones principales que se nos plantean hoy:

¿Quiénes son los cananeos, los que consideramos “desobedientes” en la actualidad?

El recelo temeroso, la acusación, el ataque, la condena, no son herramientas del cristiano. ¿Cómo creyentes, estamos dispuestos a establecer diálogos, escuchar y aprender de los no creyentes, de quienes no comparten nuestras ideas o formas de comprender el mundo?

ESTUDIO BÍBLICO.

I Lectura: Isaías (56,1. 6-7): Algo nuevo está por llegar

I.1. El "Trito Isaías" (56-66) es un conjunto literario-profético que ha dado mucho que hablar entre los especialistas, porque se presta a numerosas hipótesis. Este conjunto podría atribuirse a uno de los discípulos del "Deuteroisaías" (40-55), o podría aceptarse como un conjunto de oráculos de distintos personajes de la "escuela isaiana". Algunos piensan que son del s. V a. C., cuando la situación ha cambiado. La lectura de hoy está tomada del primer oráculo en el que después de promover el derecho y la justicia propone, incluso, que los extranjeros, los que no pertenecen al pueblo, también tendrán acogida en la casa del Señor. Se superará eso de ser hijo o hijas. Es decir, ese nombre quedará un poco obsoleto si ese nombre se entiende exclusivamente desde el nacionalismo religioso. He aquí la clave de las lecturas bíblicas de este domingo.

I.2. La exigencia del derecho y la justicia es como el frontispicio de un templo, y todo el que entre en él, sea de la raza que sea y de la religión que sea, está invitado a sentirse en su casa y en su mundo. Este proyecto utópico es social y religioso a la vez, porque la religión debe estar en el corazón de la vida. Y esa es una de las claves de la salvación que Dios quiere llevar a cabo, aunque la lleva acabo por medio de los hombres, que son los que también ponen todos los obstáculos e impedimentos para que esto no se cumpla de hecho. El profeta, sin embargo, confía en la palabra de Dios que siente en su corazón. Es un reto, un desafío y toda una provocación, porque lo que propone no es normal, ni para Israel, ni para los otros pueblos.

I.3. Esa es la victoria de Yahvé, el derecho y la justicia; lo que más anhelan los pueblos, los pobres, los parias, los desasistidos. Identificar justicia y salvación no es normal, porque los estereotipos religiosos no lo permiten. Diríamos que el signo de la nueva alianza, en la que se mueve el profeta, es la práctica de la justicia. Esa es la nueva situación que en este conjunto de oráculos del Trito-Isaías se va a poner de manifiesto. Por tanto aquí están insinuadas muchas cosas, que van mucho más allá de texto y que requieren su actualización.

I.4. La casa de Dios ya no será un monumento, un templo hecho por manos humanas, sino el mundo y la historia de todos aquellos que se dedican al Señor y que recibirán un nombre nuevo, más expresivo y radical que el de hijos e hijas. Todos los hombres que practican el derecho y la justicia están construyendo el "mundo nuevo", la casa de la salvación, porque no hay cosa que más anhele Dios que todos vivamos en la justicia y en la paz. Ese es el principio fundamental de la salvación y del universalismo.

II Lectura: Romanos (11,13-15. 29-32): Comunión con nuestros “hermanos mayores”

II.1. Del conjunto de Rom 9-11 del que ya leíamos algo el domingo pasado se han entresacado estos versículos que interpelan a los cristianos (que son como el acebuche injertado en el olivo) para que comprendan que la gracia que han recibido es a causa del pueblo judío que no ha sido fiel a Dios, ni a su alianza. No obstante en esa infidelidad judía, Pablo ve, como los profetas, un "resto" que hace posible que también los judíos puedan ser salvados en Cristo.

II.2. Sobre la teología del resto, pues, se quiere llamar la atención de los que ahora, con pleno derecho, han heredado la salvación y han sido injertados en las raíces santas. Esto es lo que se pone de manifiesto en Rom 11, 16-24 con la alegoría de los dos olivos. Es como si Pablo estuviera desmontando ciertas cosas que se han afirmado en los cc. 9-10, aunque son irrenunciables. Eso no puede llevar al nuevo Israel, el de la salvación - aquellos que han aceptado la gracia de la salvación por la fe y no por las obras-, a olvidar que antes de ellos ha existido y existe el pueblo de las promesas que no lo ha perdido todo, a pesar de su "infidelidad". Esa infidelidad de ellos es la que se convierte en causa de que otros puedan heredar, porque han sido injertados sobre "raíces santas".

II.3. Aquí es donde se debe fundamentar toda una interpretación ecuménica en la que se ponga de manifiesto que los cristianos no pueden nunca ignorar a los judíos, que son los hermanos mayores de un proyecto de gracia y de salvación de parte de Dios en Cristo. No se trata simplemente a una actitud que condene el antisemitismo ideológica y prácticamente. Hay más en juego: debemos asumir toda una teología y espiritualidad del judaísmo, aunque transformadas y purificadas de todo aquello que signifique particularismo y vanagloria.

II.4. Lo que todo esto revela, no es otra cosa que la bondad (chrestotes) de Dios que es la que ha hecho posible que un olivo salvaje (acebuche) haya sido injertado en un olivo cultivado. Si los judíos han buscado ardientemente encontrar su propia justicia, en la nueva situación no es esto lo que cuenta. Lo que cuenta es aceptar la bondad con todas sus consecuencias. El espléndido intento de Pablo de relacionar el destino de Israel con la misión de los paganos (Rom 11,11-24), pone de manifiesto que ese destino depende de la gracia y de la misericordia de Dios. Porque ha sido por gracia y misericordia por lo que los paganos han heredado lo que estaba destinado a Israel. Ahora el nuevo pueblo de la gracia debe ser generoso con Israel.

II.5. De esa manera, Pablo se atreve a dar un paso, que si se nos hubiera dicho al comienzo de conjunto de Rom 9-10 nos parecería escandaloso. El apóstol, con Rom 11,25-32, parece que se quita un peso de encima. Lo llama "misterio", ¡nada más y nada menos!. Ese misterio consiste en que todo Israel se salvará (Rom 11,26). Y es misterio porque, según el evangelio que ellos han rechazado, no deberían esperar la salvación de Dios al haber rechazado lo que han rechazado... a Cristo ¿Cómo, pues, es posible? Porque, sin embargo, Dios no ha revocado su alianza ni ha disertado de su pueblo, por razón de los mismos Patriarcas. Así quedan las cosas de una forma definitiva. Al comienzo de Rom 11,1 se preguntaba el apóstol ¿acaso Dios ha rechazado a su pueblo? ¡Desde luego que no!

Evangelio: Mateo (15, 21-28): La fe de los que están fuera

III.1. El evangelio de hoy es como el reverso de la lectura de la carta a los Romanos, porque Jesús está representando un papel. Vemos el caso de una mujer fenicia, cananea, que se acerca a Jesús, aunque en territorio pagano (Tiro y Sidón). Jesús, al principio, está escenificando miméticamente, la actitud de un judío ortodoxo y exigente. Se ha dicho que es un evangelio difícil, pero no lo es tanto. Ya que las palabras de Jesús, duras al principio como el pedernal, no son suyas, sino de la teología oficial judía. Los discípulos quieren quitarse de encima a la mujer que inoportuna y Jesús quiere darles una lección majestuosa.

III.2. La mujer no es hija de Israel y no tiene derecho a pedir lo que pide y a decir lo que dice. Esta mujer cananea ha sido alabada por su coraje y por su fuerza maternal, por la que quiere echar fuera de su hija a todos los "demonios" de su vida (un demonio muy malo). No olvidemos que el relato está enhebrado con mentalidad de la época. Jesús quiere decir que a él, siendo judío, no le está permitido "oficialmente" hacer el bien a una mujer pagana, a una cananea, que es como los perros o como los cerdos. Eso es importante para entender el texto y la propuesta de Jesús. Un judío no debe hacer lo que la mujer cananea le pide. Jesús lo recalca para dejar más en evidencia la “oficialidad” de la ortodoxia judía. Como decimos, pues, todo es una representación, porque ni Jesús pensaba así, ni estaba de acuerdo con la mentalidad oficial que no le permitía ni siquiera acercarse a los paganos, y menos a una mujer.

III.3. La lección es para sus discípulos: esta mujer se comporta mejor que los judíos, es más que una hija de Israel, es capaz de mover el mundo y llegarse al corazón de Dios por tal de "desdemonizar", de liberar, a su hija. Jesús sabe, como experiencia personal que en realidad "ha sido enviado para salvar a todos" ("no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores"). Y una vez que queda en evidencia toda la "oficialidad" teológica y religiosa del judaísmo de su tiempo, Jesús muestra quién es y qué ha venido a hacer: llamar a todos, salvar a todos, "desdemonizar" a todos, liberarlos.

III.4. Esto era lo que se podía contemplar como lejano, pero real, en el oráculo de Is. 56,1.5-6 (nuestra I Lectura del día). Jesús no había ido al territorio de Tiro y Sidón, país pagano, por miedo o por cobardía, sino para poner de manifiesto que "algo nuevo había llegado". No quiere despedir a la mujer porque le inoportuna, como piden los discípulos, sino que pretendía algo más grande de ella. Al principio se siente como un "perro" con sus amos, pero Jesús quiere elevar su categoría de mujer pagana y de madre. Su fe es capaz de mover montañas y eso, precisamente, no ocurría ni en la religión ni en la patria de Jesús. La lección está dada. El demonio de la incomprensión, de la incomunicación, de la inhumanidad entre pueblos y religiones ha sido expulsado. La suerte está echada: el reino de la salvación llega para todos. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).


martes, 15 de agosto de 2017

ASUNCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA


Proclama mi alma la grandeza del Señor

La fiesta de la Asunción de la Virgen María nos anuncia, una vez más, que la Resurrección de Jesús nos afecta a todos los creyentes. La victoria de Jesús es nuestra victoria. La Vida que se nos regala está por encima de la muerte, que ha sido definitivamente vencida. María es la primera en ser llevada, siguiendo los pasos del Maestro, al encuentro del Padre y a la plenitud del Reino de Dios. También nosotros un día, por la misericordia de Dios, como ella llegaremos a la meta.
De la mano del Evangelio, hoy la Iglesia nos invita a hacer de nuestra vida un canto de alabanza y de acción de gracias a Dios

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA

I LECTURA

En este día, el Cielo recibe a María, y el Señor se encuentra nuevamente cara a cara con su Madre. Hoy el Cielo festeja eternamente que la humanidad por fin entra a la Gloria del Padre.

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab.

Se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de la Alianza. Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz. Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio. Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: “Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías”.
Palabra de Dios.

Salmo 44, 10b-12. 15b-16

R. ¡De pie a tu derecha está la Reina, Señor!

Una hija de reyes está de pie a tu derecha: es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir. R.

¡Escucha, hija mía, mira y presta atención! Olvida tu pueblo y tu casa paterna, y el rey se prendará de tu hermosura. Él es tu señor: inclínate ante él. R.

Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían, con gozo y alegría entran al palacio real. R.

II LECTURA

María fue la primera discípula del Señor, la primera en llevarlo en su corazón antes que en su cuerpo. Fue también la primera en seguir el camino de Jesús, tanto en la cruz como en la Gloria.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 20-27a.

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos; luego, aquéllos que estén unidos a él en el momento de su Venida. En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte, ya que Dios “todo lo sometió bajo sus pies”.
Palabra de Dios.

ALELUYA      

Aleluya. María fue llevada al Cielo; se alegra el ejército de los ángeles. Aleluya.

EVANGELIO

“Muchas veces hablamos como si la misericordia del Señor se hubiese detenido en los tiempos más gloriosos del cristianismo y no abarcase también a nuestras generaciones. Sin embargo, María proclama ‘su misericordia de generación en generación’.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor.


MEDITEMOS LA PALABRA

La fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos tiene su sentido desde la experiencia de la Resurrección de Jesucristo. La Pascua nos ha abierto a todos las puertas del Reino de Dios. Un Reino que comienza aquí con Jesús y que llega a su plenitud en la casa del Padre. Los cristianos estamos llamados a seguir a Jesús en su retorno al Padre. Él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. María es un miembro preeminente. Ella ha sido llevada al cielo. Su experiencia es modelo para cada uno de los cristianos.

María es importante por ser madre de Jesús. A esta realidad se abre por la experiencia profunda del Espíritu, que la hace fecunda. Pero María es todavía más importante por ser discípula de Jesús. La primera oyente del Evangelio. La primera en ponerlo en práctica con su vida. La primera creyente.

Ella sigue los pasos de su Maestro y vive la experiencia de la Vida plena junto a Dios en la Resurrección. La muerte ha sido vencida y no puede apagar la Vida de quien ha dicho sí a Dios, en total entrega y disponibilidad, y ha puesto toda su esperanza en el Maestro.

Lo que María vive ya junto a Dios es lo que nosotros vamos a vivir tras la experiencia de la muerte. Por eso, para nosotros la Asunción de María es buena noticia. Donde Jesús y María han llegado vamos a llegar también nosotros. Nosotros no por nuestros méritos sino por la misericordia de Dios.

El Evangelio de San Lucas, que proclamamos en este día de fiesta, nos relata el encuentro de María con su prima Isabel. La actitud de María, saliendo al encuentro de quien le necesita, es modelo de la vocación de servicio de cada cristiano. Todos estamos llamados a salir al encuentro de quienes nos necesitan. La disponibilidad ha de ser una característica inherente en cada persona que tome en serio el Evangelio y lo quiera hacer vida. Como María, no podemos quedarnos impasibles ante la necesidad o el sufrimiento de los que tenemos que considerar hermanos desde la fe.

Existe una clara complicidad entre María e Isabel. Lo que les acontece en ambas, su estado de buena esperanza, es una experiencia religiosa porque es obra del Espíritu. Su relación pasa de la familiaridad a una experiencia profunda de fe. Toman conciencia, compartiendo lo que están viviendo cada una en primera persona, de cómo Dios ha querido contar con ellas para llevar a cabo el momento decisivo de la historia de la Salvación: la encarnación de su Hijo, del que Juan Bautista será el precursor. Es un signo el que Juan salte de gozo en el vientre de Isabel al intuir la presencia del Salvador.
Isabel reconoce en María a la madre de su Señor y se considera indigna de tan importante visita.

María entona el magníficat, proclamando la grandeza de Dios que ha puesto los ojos en ella. María reconoce la predilección de Dios hacia los pobres y desvalidos de este mundo. Su canto anticipa cuanto Jesús con su vida y su palabra va a dejar claro en todo el Evangelio. El Dios de Jesús es Padre lleno de amor y de misericordia. Un Dios que cree en el hombre y sale a su encuentro.

Al celebrar la Asunción de María, cada uno de nosotros podemos preguntarnos si vivimos nuestra existencia como verdadera historia de salvación. Movidos por el Espíritu, necesitamos vivir en estado de buena esperanza. Dios, como un día contó con María, quiere contar con cada uno de nosotros hoy. Ojalá estemos siempre disponibles y sepamos hacer de nuestra vida un canto de alabanza. Así podremos un día llegar como ella a la meta.

ESTUDIO BÍBLICO

Sugiero que la predicación en esa fiesta se hiciera en tres direcciones que intentan recoger el mensaje de la misma: en primer lugar, dirigir la mirada a Dios que concede a María este don de su asunción en cuerpo y alma a los cielos y que es una verdad firme de la Iglesia; en segundo lugar, una mirada a María misma contemplando su fidelidad hasta el final, sería un canto a la gloria y fidelidad de María; en tercer lugar, una mirada a la Iglesia y a la humanidad porque es un motivo de firme esperanza contemplar una pura criatura venciendo a la muerte y elevada a la gloria.

Primera lectura: (Apocalipsis 11,19a; 12,1-6a.10ab)

Marco: El capítulo 12 se integra en un contexto más amplio: las visiones proféticas. Y dentro de la sección de las visiones proféticas en un bloque que tiene como tema los preliminares del «gran día» de Dios. Este capítulo se compone de dos visiones distintas: el combate de la Serpiente contra la Mujer y su descendencia (1-6 y 13-17), y el combate de Miguel contra la Serpiente.

Reflexiones

1ª) ¡Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas!

Después apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. La interpretación de la figura de la Mujer es muy rica y unifica diversas significaciones. La Mujer simboliza al Pueblo de Dios, cuyo principio fue Eva y da a luz, con dolor, a los tiempos mesiánicos, como leemos en Miqueas 4,9-10 e Isaías 66,7. La última visión del Apocalipsis representará al Pueblo de Dios puesto de nuevo en posesión del árbol de la vida y del paraíso terrestre. ¿Quiso el autor simbolizar también a la Virgen, nueva Eva, con la imagen de la mujer? Es muy probable, y no pocos intérpretes entre los Padres y posteriores así lo piensan, lo creen y lo expresan. Es muy probable por la conexión que establece la teología joánica, como la de san Lucas, entre María, la Mujer dolorosa del calvario, y la Hija de Sión, representación eminente del Pueblo de Dios. La representación que hace de esta mujer, expresa la plena victoria de la Mujer (Pueblo de Dios y María) sobre el tentador y causante de la muerte. Esta Mujer disfruta ahora de la gloria y participa en el reino glorioso del Hijo. La Iglesia confiesa que María fue asunta al cielo en cuerpo y alma. La reflexión de la Palabra de Dios puede afirmar que así como el Hijo de María murió y resucitó, así también la madre ha vencido la muerte en la resurrección gloriosa como primer fruto en una pura criatura de la resurrección del Hijo. La Iglesia se alegra del triunfo de la Madre sobre la muerte y del enemigo del hombre que causa la muerte.

2ª) ¡La victoria es de nuestro Dios!

La victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías. La lectura de hoy termina con un cántico que celebra las maravillas de Dios venciendo la muerte. El autor del Apocalipsis introduce con frecuencia cánticos en su relato. Es muy probable que estos cánticos sean anteriores a él mismo y sean fruto de la liturgia de la Iglesia. En su mayoría son himnos cristológicos que tienen como destinatario final a Dios y al Cordero sacrificado y vuelto a la vida. Son una expresión de la gloria de Cristo resucitado. El fragmento que proclamamos hoy termina también así: Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías. Ha sido perseguido por la Serpiente, pero ha salido vencedor en la resurrección. Y esta realidad se traslada también a su madre, cuya victoria sobre la muerte celebramos hoy como fruto primero de la muerte y resurrección de su Hijo. Por eso la Iglesia se alegra con la victoria del Hijo y de la madre. Y se abre un camino de esperanza para la misma Iglesia y para el mundo: esa es la meta a que conduce la fe en Jesús. Los hombres de nuestro tiempo necesitan este mensaje de victoria sobre la muerte porque esta es el gran enigma que atenaza a los hombres.

Segunda lectura: (1Corintios 15,20-26)

Marco: La resurrección de Cristo, cuyos testigos fueron los apóstoles (vv.2-8), es la prueba decisiva (vv.12-28) de la resurrección universal futura. La resurrección de Cristo es el fundamento mismo de la fe. La resurrección de Cristo, primicia de entre los muertos, no es sólo anuncia la resurrección de los cristianos, sino que es su principio eficaz (vv.20-28). Este es el fragmento que hoy proclamamos.

Reflexiones

1ª) ¡Todos volverán a la vida!

Si por un hombre ha venido la muerte, por un hombre ha venido la resurrección... Por Cristo todos volverán a la vida... Primero Cristo como primicia. Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto. Esta gran realidad de la vuelta a la vida de todos en Cristo Jesús es una afirmación firme el Nuevo Testamento. La experiencia humana es la de la muerte como una herencia del pecado de Adán (no es el momento de entrar en la discusión sobre el pecado original). El apóstol subraya el paralelismo entre Adán y Cristo, entre la obra de Adán y la de Cristo. Sobre este paralelismo descansa la experiencia de la muerte y de la vida. La herencia recibida de Adán, el pecado y la muerte, alcanza a todos los hombres. Por tanto, la herencia victoriosa de Cristo, causa y origen de la vida que no terminará jamás, alcanzará también a todos los hombres. Este es el gran consuelo que la resurrección aporta a la humanidad. Y la primera pura criatura que participó en esta nueva herencia fue María. Participó en las dos, aunque de la primera sólo en el resultado del pecado, es decir, en la muerte. Pero también ha participado de la victoria de la vida sobre la muerte que consiguió su Hijo y que se aplica a todos los hombres. Es posible la esperanza firme porque ha sido posible la victoria de la vida sobre la muerte.

2ª) ¡También vencedor de la muerte!

El último enemigo aniquilado será la muerte. Esta página de la carta y su realidad en Cristo Jesús y en María, son la respuesta al gran enigma de la muerte que pesa sobre la humanidad. Desde la perspectiva del anuncio de la resurrección todo tiene remedio, incluso la muerte. Pablo responde al problema acuciante que pesa sobre los corintios. Los que introdujeron la duda en la resurrección en la comunidad corintia afirmaban: los muertos no resucitan ni es necesario; por tanto, tampoco Cristo resucitó ni es una realidad importante. Pablo contesta con la experiencia kerigmática: Cristo ha resucitado, por tanto resucitarán los muertos. La lógica del proyecto de Dios rebasa ampliamente la lógica de la experiencia humana. Esta es la gran afirmación: la muerte será vencida en todos porque ha sido ya vencida en Cristo Jesús. Y en su madre, como primera criatura que la participa, al volver a la vida ya para siempre y ser asunta al cielo. El último enemigo aniquilado será la muerte: Dios ha sometido todo bajo sus pies. De nuevo se abre el camino a la firme esperanza para la humanidad: cierta es la muerte y más cierta es la vida para todos. Es necesario insistir en nuestro mundo en esta gran verdad realizada ya en Jesús y en María. Un porcentaje significativo de creyentes de nuestro propio país, dicen no creer en la resurrección de los muertos. Esta solemnidad es un motivo especial para insistir en la verdad consoladora de la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. La Iglesia ofrece una respuesta real a una necesidad real.

Evangelio: (Lucas 1,39-56)

Marco: la visitación de María a Isabel y el canto del Magnificat.

Reflexiones

1ª) Bendita tú y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?... ¡Dichosa tú que has creído!. Isabel, iluminada y movida por el Espíritu Santo, proclama que María es bendita y es Bendito* el fruto de su vientre. La bendición es la quintaesencia de lo que Dios ofrece al hombre para su salvación y para que sea feliz. Una bendición no es un deseo ni una palabra de ánimo, es una realidad que Dios deposita en manos de sus instrumentos de salvación para que se convierta en una herencia preciada futura y permanente. Este es el sentido de las bendiciones que encontramos en los relatos de los patriarcas. De esta manera la bendición y el Bendito por antonomasia se convierten en una promesa y un motivo de esperanza en el desarrollo de la historia de la salvación. Esta exclamación de Isabel contiene una consoladora experiencia pascual que se retrotrae* hasta el relato de la infancia. Cristo glorioso y exaltado es el Bendito para siempre. Y esta realidad aparece ya, como un anticipo y primicia, desde la infancia y relacionada con María que participa muy estrechamente de esta bendición que culmina en su propia resurrección y asunción. Cristo es nuestra Bendición y María es la primera que participa de ella. Por eso es motivo de esperanza para la Iglesia, enviada a proclamar y hacer presente en el mundo esta bendición definitiva. Hoy también proclamamos, porque lo necesitamos, que es una bendición eficaz por sí misma y que alcanza a todos los hombres que se abren al Evangelio y lo viven en la esperanza, en el amor y en el compromiso entre los hombres.

2ª) ¡Desde ahora me felicitarán todas las generaciones!

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador. Todas estas maravillas de la intervención de Dios por medio de su Hijo en la muerte y en la resurrección liberadoras, aunque dieron comienzo en la concepción virginal, son cantadas y proclamadas en el Magnificat. Que es un canto cristológico y muy relacionado con María, porque ambas misiones estuvieron siempre una al servicio de la otra: Jesús en el centro y María estrecha colaboradora desde su sí. Jesús y María llevaron el proyecto hasta el final movidos por una gran fidelidad. En el Magnificat los primeros cristiano cantan el poder, la misericordia, la santidad y la fidelidad de Dios manifestados en plenitud en la muerte y resurrección de Jesús. Lucas coloca este canto en labio de María porque estimó que era la mejor cantora para hacerlo y para ello realiza una prolepsis*. Estos cuatro atributos consolidan la fe y aseguran firmemente la esperanza del creyente en la realización de ese plan y en la aplicación actual del mismo. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. Desde la encarnación, desde su participación junto a Jesús en llevar adelante el proyecto de Dios y ahora en su exaltación y glorificación. En la asunción de María se nos invita a cantar de forma singular el Magnificat porque exalta esos atributos de Dios presentes, principalmente, en la muerte y resurrección de Jesús y en la glorificación de su madre. La Iglesia tiene motivos para cantar con los primeros cristianos y con María: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.